Nuestra porción de la semana se centra en un personaje llamado Koraj. Koraj (קרח, Qóraj) proviene de una raíz hebrea que significa “calvo”, “desnudo” o “desprovisto”, lo que, según los sabios, nos da ciertas ideas: una descripción física, la calvicie, o, simbólicamente, alguien que deja algo despojado, alguien que separa o arranca. La idea que quiero exponer es que sería como indicar que Koraj es como alguien que dejó “calvo” a Israel tras la división que provocó, no sólo de cómo terminó su vida, sino que se llevó de encuentro la vida de 14.700 personas más 250 líderes con sus familias.
Inicia la parashá diciendo: “Y tomó Koraj, וַיִּקַּח קֹרַח (Vayikaj Koraj) hijo de Izhar, hijo de Kehat, hijo de Leví…” (Números 16:1). Es extraño de cómo el verso inicia con un verbo que no tiene un hilo lógico, “Y tomó”. Pero ¿qué tomó? El verbo queda como en el aire. Según Rashí, la idea es que se “apartó” el solo, literalmente: “Se tomó a sí mismo hacia un lado” o “se separó de la comunidad de Israel”.
Esto es algo muy profundo y poderoso que no está escrito en una forma errónea o inconclusa, sino que nos enseña que él (Koraj) tomó una decisión en su corazón. Veamos el contexto de lo que ocurrió previo a este episodio: Los exploradores habían fallado en su misión de reconocimiento de la Tierra Prometida; ellos habían presentado un pésimo reporte que generó un dictamen del Cielo: “morir en el desierto y deambular durante 40 años”. Koraj, un hombre no cualquiera, ve la oportunidad de levantarse como un “líder” ante la aparente “pasividad” de Moshé, ante la “no aceptación del dictamen divino” y la falta de gratitud, porque deseaba con ansias lo que su primo Aarón había recibido.
En Bamidbar Rabbah 18 nos enseña que Koraj era un hombre ya de por si con privilegios: Era levita, era de Kehat, era rico, tenía buen nombre y prestigio entre todo Israel, sin embargo, él anhelaba la posición de sacerdocio.
El Pirkei Avot 4:21 dice “La envidia, los deseos desordenados y la búsqueda del honor sacan al hombre del mundo.” Y el Midrash Tanjuma, Koraj 5 dice: “Puso sus ojos en lo que no era suyo; no obtuvo lo que buscaba y perdió lo que tenía.”
Al leer el verso 16:3 dice: “¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos… ¿Por qué, pues, os eleváis sobre la asamblea de YHWH?” Al leerlo, me recuerdo de lo que dijo Yeshúa en Lucas 6:45 “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.”
Si analizamos los cuestionamientos de Koraj, habla de que él tenía tiempo de estar pensando algo que se imaginaba en su cabeza pero que a la luz de la realidad no era ni por cerca la verdad. Por ello dice: ¡Basta ya! Luego, habla una media verdad. Claro, Dios dijo que Israel era una nación Santa, pero le faltó agregar que todos tenemos un rol único y especifico dentro de la nación de Israel. Quiso como hoy en día presentar que todos somos iguales a la ley, que todos merecemos los mismos privilegios ¿A quién le dirigía este mensaje? Si lo leemos bien, el mensaje no está dirigido realmente a Moshé, sino a quiénes estaban viendo la discusión pública para ganar como buen político votos. Les está presentado una media verdad, una verdad descrita a conveniencia. Luego, les increpa: “¿porque os eleváis?” y esta es la pregunta más clave de todo el texto, porque allí Koraj expone lo que más anhelaba.
¿Era cierto que Moshé se elevaba sobre los demás? Cuando Dios le llama en la zarza ardiente (Shemot 3-4), Moshé presenta 5 objeciones: la primera, “¿Quién soy yo?” Segunda, “¿Quién eres Tú?” Tercera: “No me creerán”; Cuarta: “No sé hablar”; Quinta, “Envía a otro”. Moshé es un líder que lucha por no obtener “el cargo o puesto”. Como decía nuestro RANEBI, un líder reluctante. En cambio, Koráj desea la posición y el poder.
Koraj además contradice las palabras de Dios que afirma que Moshé era el hombre más humilde de la Tierra (Números 12:3). Este verso es puesto antes que la rebelión de Koraj. Koraj entonces juzga a Moshé desde su propio corazón, porque él deseaba el poder. Él mira a Moshé como quien “se eleva sobre otros”, es decir, lo que Koraj está diciendo es que “él (Koraj) busca alzarse o elevarse sobre el resto, y ejercer dominio”. Como lo que habla es de lo que abunda en su corazón, se supone que Moshé desea estar por encima del resto. Por ejemplo, el ambicioso supone que todos quieren poder; el orgulloso, piensa que todos quieren fama; el codicioso supone que todos quieren dinero.
Una de las enseñanzas más grande que recibí esta semana, es que Moshé jamás salió a defender su honor o el de Dios, sino que él hizo una acción: puso su rostro al suelo. Dice: “Cuando Moisés lo oyó, cayó sobre su rostro.” La Torá no dijo: “se enojó, respondió, guardó silencio”, sino que ante la acusación de “Te elevas” la Torá nos muestra: “No. Lo primero que hizo no fue elevarse, sino que fue postrarse”. ¿Qué significa caer sobre su rostro? Es mantenerse humilde delante de Dios reconociendo su autoridad; también representa la intercesión. Cuando el pueblo peca, Moshé hace plegarias; esto implica renunciar al protagonismo. Así que Koraj acusa a Moshé de להתנשא (lehitnasé) — exaltarse, elevarse. Y la Torá ofrece una respuesta narrativa a וַיִּפֹּל (vayipol) — cayó. Ellos acusan: “Moshé subes o te elevas demasiado”, y la Torá lo defiende en silencio: “lo primero que Moshe hace es bajar al nivel del polvo”. Mientras Koraj entendía el liderazgo de manera vertical “Más arriba, más autoridad, más honor, más reconocimiento y más fama”, la Torá indica que Moshé lo entendía completamente distinto: “Más arriba, más responsabilidad, más carga, más servicio, más dependencia de Dios”. Quien codicia una posición suele imaginar solo sus privilegios; quien ha sido llamado por Dios conoce también el peso, el desgaste y la responsabilidad que esa posición implica.
Retrocediendo un poco, Koraj toma. ¿qué toma? ¿de qué se aparta? Bueno toma para sí un grupo de personas, hombres famosos, dirigentes, una facción. Es decir, se aparta de la unidad del pueblo. Su codicia y envidia busca dividir. Por ello se dice que dejó calvo a Israel.
También se aparta de la autoridad impuesta por Dios. Koraj da igual valor a todos (todos somos santos) aunque no separa los roles. Confundió igualdad con dignidad, confundió igualdad con roles específicos. Se apartó de su propio llamado, de su propio rol. Como descendiente de Kehat, pertenecía al grupo que transportaba los objetos más sagrados del Tabernáculo. Era uno de los levitas de mayor responsabilidad. No estaba excluido. No era un hombre común. Pero dejó de valorar el servicio que Dios le había dado porque deseó lo del otro. Se apartó de la humildad y de la verdad interior. Es posible usar palabras correctas para justificar una ambición personal. Por eso los sabios dejan entrever de que no toda causa aparentemente justa nace de motivos puros.
De esto aprendemos que la carencia no siempre es real, muchas veces es percibida, es imaginada. Koraj no era desposeído, no era marginado de la sociedad. Objetivamente debería de haber sido un hombre satisfecho. Esto nos lleva a aprender que la falta de gratitud crea una sensación de vacío. Cuando una persona deja de apreciar su porción, comienza a definir su valor por lo que otro posee como dice Pirkei Avot 4:1. “¿Quién es rico? El que se alegra con su porción.“
De igual forma, la envidia se convierte en una deuda imposible de pagar, como el del jugador que pierde $100 en el casino, en lugar de aceptar su pérdida dice: “Sólo necesito jugar para recuperar lo perdido”. Pero ya no juega racionalmente. Cada nueva apuesta aumenta el vacío. Y al final pierde no $100, sino $500. Retorno al Midrash Tanjuma, Koraj 5 dice: “Puso sus ojos en lo que no era suyo; no obtuvo lo que buscaba y perdió lo que tenía.” El midrash pone esta expresión para describir a otras figuras: Caín, Bilam, Hamán y Koraj.
De Caín vemos en Bereshit 4 que ve Dios con agrado el corazón de Ebel, pero ¿qué hizo Caín? Acaso Dios no le dijo: “Si haces lo bueno, ¿serás enaltecido?” En otras palabras, “No necesitas quitarle nada a tu hermano; puedes tú mismo ser aceptado”. Pero, como sabemos su desenlace, decidió tomar otro rumbo. ¿Qué perdió? Su hermano, su tierra, su hogar, su estabilidad, puesto que se convirtió en errante. Perdió mucho más de lo que le dolía originalmente.
Luego, Bilam, él quiso la recompensa de Balac. ¿qué deseaba? Honor, dinero y recompensa de Balac. Fue tanta su codicia que hizo caer a Israel, es decir, buscó la forma de desobedecer lo que Dios le dijo que no hiciera. ¿Qué perdió? Su vida (muere por espada) y el dinero que anheló jamás llegó a ser suyo.
Hamán, de él dice (Ester 5:13) “Todo esto de nada me sirve mientras vea a Mardoqueo sentado a la puerta del rey.”. Él era el segundo del imperio; tenía riquezas; tenía muchos hijos; gozaba del favor del rey; tenía poder y reconocimiento. Sin embargo, una sola persona que no se inclinaba ante él anulaba toda su felicidad. ¿Qué perdió? Su posición, su familia, su vida, su honor.
De todos los ejemplos anteriores, ninguno de ellos comenzó siendo pobre o insignificante. Todos tenían algo valioso que Dios les había concedido. El problema no fue la escasez, sino la incapacidad de disfrutar de su propia porción.
En la Biblia se nos describen muchos casos: “Eva vio el fruto y lo codició”. “Caín codició el favor de Abel”. “Koraj codició el sacerdocio”. “Bilam codició la recompensa”. Hamán “codició el honor de Mardoqueo”. “Acab codició la viña de Nabot”. Por ello el mandamiento de No codiciar no debe de ser visto de menos. Leí este comentario que me pareció fabuloso: “muchos rabinos consideran que “No codiciarás” (לֹא תַחְמֹד, Lo Tajmod) es el mandamiento que protege a los demás, porque el pecado comienza mucho antes de la acción: comienza en el corazón.” Si analizamos los otros mandamientos se enfocan en acciones concretas: “no robar”, “no asesinar”, “no adulterar” “no idolatrar”, pero el décimo tiene la idea de “Ni siquiera desees aquello que Dios dio a otro” esto te protegerá de robar, de adulterar, de asesinar o a dar falso testimonio.
Hoy en día con las redes sociales y la información basura del Internet, creo que la codicia se presenta de la manera más inocente y sutil. ¿Somos felices por el progreso del prójimo? ¿somos felices cuando a otro le dan el puesto o el salario que yo necesito? ¿estoy feliz sin criticar si alguien adquiere un coche, una prenda o un estudio? ¿Paso más tiempo mirando lo que me falta que agradeciendo lo que tengo? Cuando la gratitud disminuye, la comparación aumenta. ¿Pienso constantemente “cuando tenga…”? ¿Mi identidad depende del reconocimiento? ¿Me molesta que otro destaque?
Podemos decidir ser como el granjero que mira la hacienda ajena, viendo como progresa. Al estar mirando al vecino no se percata que las plagas y la maleza afectan su parcela y pierde así su cultivo. Cuando es demasiado tarde realiza de que perdió todo por estar viendo al otro. Mi oración es que vivamos en obediencia siendo satisfechos, plenos y alegres por lo que el Cielo nos da cada día.
Shabbat Shalom
Mauricio Quintero
