Si toda la humanidad fracasa una y otra vez, ¿cómo traerá Dios bendición al mundo?
Me recuerdo que cuando era más joven, Dios me permitió gestionar una jefatura. La primera vez que me tocó evaluar a un grupo de empleados, tuve que despedir a un joven, quien honestamente me caía como persona muy bien, pero era ineficiente, le quitaba el tiempo al equipo al que lideraba y los sobrecargaba por su ineficiencia afectando los resultados de mi departamento. A raíz de esta experiencia, me tocó despedirlo. Al momento que contraté a la persona que era sustituta, me recuerdo que me preguntaba con muchos ecos en mi cabeza: “¿cómo determinar si quien venga a sustituir me saldrá igual? ¿qué debo evaluar? ¿qué debo de constatar para realizar una contratación que sume y multiplique, y que no reste y divida al grupo? Al final tuve que asumir el riesgo y volver a creer en que encontraría la persona idónea.
Nuevamente, a nivel personal he contado con momentos en el cual personas me han traicionado ya sea en negocios, en relaciones, en compañerismo, en amistad. Sin embargo, esto no ha impedido a que vuelva a creer en las personas, porque llego a la misma conclusión: No existen humanos “perfectos”.
En esta parashá, quisiera desarrollarla un poco antes de la historia de Noaj, hablar de Noaj y finalizar en como finalizamos esta porción, la introducción de Abram. En Bereshit 5:1-32, menciona acerca de las generaciones previo a Noaj en la cual entre Adam y Noaj, pasaron 10 generaciones. Luego del diluvio, en Bereshit 11:10-26, describe las generaciones que fueron luego de Shem, siendo nuevamente 10 hasta llegar a Abram. Luego nuestros sabios en Pirkei A vot 5:2 dicen: “Diez generaciones desde Adam hasta Noaj. Diez generaciones desde Noaj hasta Abraham”. Luego añade: “De Adam a Noaj: para mostrar la paciencia de HaShem, que toleró las transgresiones de aquellas generaciones hasta el Diluvio” y “De Noaj a Avraham: para mostrar nuevamente esa paciencia, hasta que Avraham apareció y recibió la recompensa correspondiente a todos ellos.”
En la tradición judía, el número diez aparece asociado a estructuras completas. Pirkei Avot nos presenta diez generaciones de Adam a Noaj y diez de Noaj a Avraham. Podemos interpretar estos ciclos como una oportunidad histórica para observar hacia dónde conduce la humanidad sus decisiones. Sin embargo, completar un ciclo no significa alcanzar la rectificación. El primer período culmina en el Diluvio; el segundo, en la aparición de Avraham, llamado a convertirse en bendición.
Luego de Adán leemos en Bereshit cómo la humanidad comenzó a degradarse: “la transgresión, el ocultamiento del hombre, desobediencia, vergüenza y la transferencia de la culpa, es decir, evadir la responsabilidad. Luego con Caín pierde el dominio propio y aparece la indiferencia, dejar de cuidar al prójimo cuando dice: ¿soy yo acaso guarda de mi hermano? Esto produce la ruptura entre hermanos, en la familia y el asesinato. Caín luego produce en el ser humano la huída, es decir, alejarse de la presencia de Dios. Luego produce como fruto a su hijo Enoc (Hijo de Caín) quien construye en Nod una ciudad con el nombre de él. La construcción de una ciudad refleja el desarrollo de la civilización humana; sin embargo, la Torá continúa mostrando que el progreso material por sí mismo no corrige la condición moral del ser humano.”
Luego Irad, Mehuyael, Metushael y Lamej generaciones que culminan en violencia y robo. Dice de Lamej: toma dos mujeres (Bereshit 4:19), sus hijos están asociados a ganadería, música y metalurgia (4:20:22), Lamej declara haber matado a un hombre por herirlo y a un joven por golpearlo (4:23), y Se jacta de una represalia setenta y siete veces mayor (4:24). Esto provoca una ruptura, porque el asesinato ahora es motivo de jactancia convirtiéndolo en una declaración de orgullo y venganza. El deterioro más revelador no es simplemente que exista violencia, sino que esta llegue a justificarse y celebrarse. ¡cuánta maldad me hizo pensar hay en el mundo de hoy igual que en los tiempos de Noaj!.
Mientras la línea de Caín culmina en la jactancia de Lamej, la línea de Shet conserva una tensión diferente. En Bereshit 4:26 se menciona que en tiempos de Enosh se comenzó a invocar el nombre de HaShem, aunque nuestros comentaristas debaten el significado de esa expresión. La Torá no nos ofrece una biografía moral detallada de cada generación. Lo que sí hace es conducirnos hacia un diagnóstico colectivo: la tierra se corrompió y se llenó de hamas.
Y es así que llegamos a la “tierra se corrompió delante de Elohim, y la tierra se llenó de violencia” (6:11). En hebreo dice: “Vatishajet haáretz lifné haElohim, vatimmalé haáretz hamas”. וַתִּשָּׁחֵת הָאָרֶץ לִפְנֵי הָאֱלֹהִים וַתִּמָּלֵא הָאָרֶץ חָמָס Hay dos expresiones que conviene examinar por separado. Primero, וַתִּשָּׁחֵת vatishajet: “la tierra se corrompió o se echó a perder”. Segundo, – חָמָס – Hamas: violencia, injusticia o despojo; según el contexto, también puede traducirse como robo o atropello.
La interpretación tradicional de Rashi, apoyada en el Talmud, relaciona la corrupción con la inmoralidad sexual y la idolatría, y entiende hamas específicamente como robo o despojo. Sanedrín 108a enseña que el decreto contra la generación del Diluvio quedó sellado por el hamas. La Torá no dice que la humanidad se destruyera simplemente porque sus “individuos cometieran errores”; describe un mundo en el que la corrupción y la injusticia habían adquirido una dimensión colectiva. Hamas no es únicamente la agresión física, según algunas lecturas rabínicas, también comprende apropiarse de lo ajeno y vulnerar los derechos del prójimo. Una sociedad puede llegar a considerar normal lo que debería reconocer como injusticia.
Esto lleva a la conclusión siguiente en Bereshit (Génesis) 6:5-6: “Y vio HaShem que era mucha la maldad del ser humano en la tierra, y que toda inclinación de los pensamientos de su corazón era solamente mala todo el día. Y se arrepintió HaShem de haber hecho al ser humano en la tierra, y se entristeció en su corazón”. ¿Qué significa que HaShem se entristezca? Es el resultado de: “וַיַּרְא — Vayar: «Y vio»” lo que no implica que HaShem acabara de descubrir algo que ignoraba. En la narración, introduce la evaluación divina de la condición moral de la humanidad. Luego dice: וַיִּנָּחֶם — Vayinájem: «Y se arrepintió» o «reconsideró». Rashí interpreta que en este momento el pensamiento Divino pasa de la medida de misericordia a la medida de justicia. Y finalizamos con וַיִּתְעַצֵּב אֶל־לִבּוֹ — Vayit’atzev el-libó: «Se entristeció en su corazón» Rashi explica que HaShem se afligió por la pérdida de la obra de sus manos. El Midrash Bereshit Rabbah 27:4 compara esa tristeza con la de un rey que contempla la destrucción de aquello que había construido. La corrupción de la humanidad tiene consecuencias que se expresan en el relato como dolor Divino. Pasaron 10 generaciones entre Bereshit 1:31 cuando la creación es declarada muy buena y Bereshit 6:6: HaShem se entristece en su corazón.
Después de describir la tristeza divina, la Torá presenta a Noaj: “Pero Noaj halló gracia ante los ojos de HaShem”. (6:8) La narración no termina con la corrupción como única realidad posible: aparece Noaj, y con él la posibilidad de preservar la vida y comenzar nuevamente.
Es allí que Dios decide someter en un proceso de purificación a la creación, una especie de Tevilá purificando a través del agua (V.6:11-13). Y aún así, Dios muestra misericordia a la generación de Noaj, vemos en el 6:3 “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; y serán sus días ciento veinte años”. Se podría interpretar que a partir de este momento se le dio a Noaj tiempo de construcción del arca para que la gente preguntará porqué estaba construyendo un bote y tuvieran oportunidad de arrepentirse. Rashi, comenta sobre Bereshit 7:4, explica que HaShem concedió siete días de duelo por Metushelaj, el justo, antes de comenzar el Diluvio. En esa explicación, el inicio de las lluvias se retrasó por consideración hacia él
Además, en Bereshit 7:4, HaShem anuncia: «Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches». Bereshit 7:10 confirma que, al cabo de los siete días, llegaron las aguas del Diluvio.
En Bereshit 7:12 leemos: «Vayehi hageshem al ha’aretz arba’im yom ve’arba’im laylah»: «Y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches». La Torá ya había anunciado el Mabul en Bereshit 6:17; sin embargo, al describir el comienzo de la lluvia, utiliza la palabra geshem (גשם), que significa «lluvia». Esta distinción nos permite detenernos en una enseñanza de Rashi sobre Bereshit 7:12: según la tradición rabínica que recoge, las lluvias iniciales todavía podían haber sido de bendición si la humanidad hubiera hecho teshuvá. Pero, al no arrepentirse, aquello que podía haber sido una oportunidad terminó convirtiéndose en juicio.
Esta enseñanza nos invita a contemplar la paciencia divina incluso en el contexto de un juicio anunciado. HaShem había advertido lo que sucedería, pero la tradición nos presenta todavía una posibilidad de rectificación. La humanidad tuvo la oportunidad de responder; sin embargo, no lo hizo. Así, el relato nos recuerda que la paciencia divina no elimina las consecuencias de nuestras acciones, pero nos invita a reflexionar sobre la oportunidad de cambiar antes de que sea demasiado tarde.Luego, leemos que Dios declara luego de mirar el corazón de Noaj ofreciéndole una acción de gracias con un sacrificio sin que Dios se lo haya pedido, nuevamente Dios habla a su corazón y dice: “y el Señor se dijo a sí mismo: «Ya no maldeciré la tierra por causa del hombre, porque la inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud, y ya no volveré a herir a todos los seres vivientes como lo he hecho. Mientras exista la tierra, no cesarán la siembra y la cosecha, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche.” (8:21.22) y nuevamente vemos como retorna la misericordia a la humanidad. Es allí cuando Dios bendice a Noaj, como siendo un segundo Adán, un comenzar de nuevo. Es así que Noaj recibe la misión de preservar la vida, reiniciar a la humanidad y convertirse en padre de los posts diluvianos.
Sin embargo, aun después de reiniciar la humanidad, transcurren nuevamente diez generaciones y la inclinación al mal vuelve a manifestarse. Pero ahora la corrupción muta de forma. Ya no se expresa únicamente en la violencia desenfrenada de la generación del Diluvio; adopta formas más sofisticadas.
Noaj sale del arca ofreciendo sacrificios a Dios, pero poco después busca refugio en el vino. De su embriaguez surgen la deshonra familiar, la degradación moral y una nueva fractura en el hogar humano. Más adelante aparece Nimrod, símbolo de la concentración del poder y de la autosuficiencia humana. Finalmente, en Babel, la humanidad unida declara: “Hagámonos un nombre”.
Ya no se trata simplemente de hombres que se destruyen entre sí. Ahora es una humanidad que busca ocupar el lugar de Dios.
La generación anterior había llenado la tierra de violencia; esta nueva generación pretende alcanzar el cielo por sus propios medios. La rebelión ha cambiado de rostro, pero el corazón humano sigue necesitando redención.
Y es justamente aquí donde ocurre uno de los grandes giros de la Torá. Después del Diluvio, Dios coloca Su arco en las nubes, señal de que ya no destruirá la tierra mediante aguas. El juicio había demostrado que podía contener la maldad, pero no transformar el corazón. Entonces Dios inicia una estrategia distinta: ya no busca destruir el mundo para empezar otra vez; busca a alguien que responda: “Hineni”. “Aquí estoy.”
Adán representa el fracaso individual. La generación del Diluvio representa el fracaso moral colectivo. Noaj representa un nuevo comienzo. Cam, el fracaso familiar. Nimrod, el fracaso político. Babel, el fracaso social y civilizatorio. Pero con Abraham comienza algo diferente: el tikún, la rectificación.
En cierto sentido, Abraham puede verse como un tercer Adán. Adán recibió la creación. Noaj recibió una nueva creación. Abraham recibe una misión. Ya no se le encomienda preservar únicamente la vida física, sino cultivar la vida espiritual.
Por eso Abraham inaugura un nuevo comienzo. Es el hombre del pacto, del diálogo con Dios, de la hospitalidad, de la intercesión y de la fe. No es perfecto. La Torá no oculta sus errores, sus temores ni sus luchas. Sin embargo, a diferencia de generaciones anteriores, Abraham responde al llamado divino y continúa caminando.
Donde Babel quiso hacerse un nombre, Dios promete engrandecer el nombre de Abraham. Donde la humanidad construyó torres, Abraham construyó altares. Donde otros intentaron ascender por sus propias fuerzas, Abraham aprendió a caminar confiando en la promesa. Por eso podemos ver una progresión en la historia de Bereshit: Adán representa la creación. Noaj representa la preservación. Abraham representa la redención.
Adán es la humanidad creada. Noaj es la humanidad preservada. Abraham es la humanidad llamada a convertirse en bendición. Adán recibe la misión de gobernar la creación. Noaj recibe la misión de reconstruirla. Abraham recibe la misión de bendecirla.
Rav Shaúl escribió: “Porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.“
A lo largo de estas veinte generaciones, desde Adán hasta Abraham, vemos repetirse una misma realidad: el corazón humano falla una y otra vez. Sin embargo, vemos también algo aún más grande: la fidelidad de Dios. Ni la caída de Adán, ni la corrupción de la generación del Diluvio, ni la arrogancia de Babel pudieron detener Su propósito. Dios llama a personas imperfectas para cumplir propósitos que las trascienden.
No importa si las aguas del Mabul han cubierto las montañas que te daban seguridad. No importa si tu arca parece tardar ciento veinte años en construirse. No importa si todavía luchas con debilidades y limitaciones. Dios sigue llamando hombres y mujeres que respondan: “Hineni”. Aquí estoy.
Y entonces vuelve a resonar Su llamado: Lej Lejá, Sal, avanza, Crece, Camina conmigo.
Mi oración es que no caminemos por la senda de la destrucción, sino por la de la redención; que seamos instrumentos de bendición para otros y colaboradores en el tikún que Dios desea realizar en el mundo.
Shabbat Shalom
Mauricio Quintero
