El camino hacia la verdadera libertad.
La parashá Beshalaj no trata simplemente de un pueblo que salió de Egipto. Trata de algo mucho más difícil: un pueblo que debe aprender a ser libre. Previamente leímos que Shemot comienza hablándonos de Nombres; que este es el inicio de la redención y de la recuperación de nuestra identidad. Ahora bien, en Beshalaj descubrimos por qué: Dios nos libera llevándonos de nombre en nombre, de estación en estación, porque cada nombre revela un estado del alma; no es sólo un lugar geográfico. En esta oportunidad he querido desarrollar un drash distinto, a fin de ordenar las ideas conforme a los nombres que van revelándose poco a poco en la porción y que posiblemente pasamos por alto en una lectura rápida.
Primero, Dios nos saca de Mitzraim, que representa la estrechez, la limitación, el encierro a nivel mental, emocional y espiritual. Un esclavo es empujado y obligado, pero un ser humano libre es guiado. Por eso la Torá nos dice en el 13:18: “Y Dios los condujo…” Dios nos conduce, porque la libertad no se impone, se aprende.
Segundo, los caminos cortos no son necesariamente los mejores; a veces, los procesos largos son mejores, aunque duren meses o años. Dios no los lleva por la tierra de los filisteos (13:17), aunque sea el camino corto. Llegar a Canaán vía Filistea duraba 11 días, dicen algunos estudiosos. Pelishtim (Filistea) representa la invasión, la división, el conflicto constante, como hasta hoy en día vemos que sucede en esta zona. A veces, el atajo nos devuelve a la esclavitud. ¡cuántas personas no salen de la esclavitud por buscar atajos!
Tercero, dice la Torá que los guía hasta el Yam Suf (13:18), el mar de los juncos. El agua, en la Torá, representa el caos, como en Bereshit (1:2). Y este mar de los juncos tiene algo especial: “no permite ver la otra orilla”. Situándonos en el momento histórico, vemos que Israel tiene el enemigo detrás de ellos, y dice en el 14:10 “que los alcanzaron a ver”, así que tienen el caos por delante y la ansiedad en el corazón. Es en estos momentos de presión que la emuná y bitajón comienzan a florecer, las cuales son necesarias para crecer, sin estas dos herramientas, sólo florecen la duda, el temor, el miedo, la sensación de abandono, la incredulidad, la queja, el desatar de la boca palabras sin corduras, la inquietud, la desesperanza o la angustia.
Cuarto, vemos que Dios los conduce para “ocuparse de lo realmente importante”. Mientras el pueblo se enfocó en salir llevando cosas materiales y ganados, Moshé decidió cumplir un juramento nacional a Yosef, buscando y cargando sus huesos. ¿Por qué sus huesos? ¿qué representan? Los huesos simbolizan lo permanente, la esencia. Y, ¿cuál es la esencia que representó Yosef? Yosef, que fue vendido como esclavo, decidió no contaminarse ni dejar que la esclavitud se apoderara de su alma. Si leemos bien su historia, él, aunque estaba “privado de la libertad física”, jamás se comportó ni vivió como un esclavo. Como tzadik,representó la fidelidad, los sueños cumplidos y el ejercicio de la bondad al mundo sin ser retribuido por ello. La pregunta es, ¿qué estoy dispuesto a cargar? ¿Riquezas o valores?
Quinto, Dios los hace llegar a Pi Hahirot y Baal Tzefón (14:9) para enfrentar el caos. Es interesante que Dios les ordena acampar frente a Baal Tzefón mirando hacia el mar (14:2). Ellos acampan “dando tiempo a los egipcios para que los alcancen” y que Paró piense que son presa fácil (14:3). Pi Hahirot, significa “la boca de la libertad”, y Migdol significa “fortaleza humana o límite”, y Baal Tzefón era el dios egipcio del caos y las tormentas, quien muy posiblemente fue venerado y temido por Israel. Entonces, ¿por qué acampar viendo el límite de un dios que representa el caos, frente al agua, que también es caos? ¿estar entre la boca de la libertad – un casi lo logro— y la fortaleza o límite humanos? Porque Dios quiere decir y enseñar a Israel que Él gobierna sobre todo aquello que temen, sobre el caos. ¿Quién no teme al caos? Yo le temo. En este punto de tensión salen la queja, el miedo, el deseo de retornar a la esclavitud. Es similar a lo que vivimos hoy en día, en donde muchos prefieren morir en la seguridad del sufrimiento que vivir en la incertidumbre de la libertad. ¿Qué pide Dios a Israel? Guardar silencio. Moshé dice: “Adonai peleará por ustedes; ustedes permanezcan en silencio” (14:14). Este silencio no es pasivo, de hecho, es activo, es la acción voluntaria de hacer callar al ruido interno, es decir, a las quejas, a la ansiedad, y al miedo.
El callarse permite escuchar la voz de Dios para que nos diga: “¿Por qué clamas a Mí? ¡Marchen!” (14:15). La libertad de la Torá no es asistencialismo; es asumir la responsabilidad delante de Dios que provoca movimiento, que provoca caminar. Hoy, en un mundo lleno de asistencialismo en donde “papá gobierno o mamás ONG” deben alimentarte, darte subsidios, darte casa, pagar por cada hijo una cuota, etc., es difícil pensar que debo trabajar y no vivir a costillas de otros. En mi país, recuerdo que luego de la guerra mandaron mucha ayuda para la reconstrucción, era triste observar que luego de dos años, había muchos tractores y maquinaria agrícola en zonas de guerra varadas y con tierras ociosas sin producción, a pesar de que eran terrenos fértiles. Cuando preguntabas a la gente por qué no producían o reparaban las maquinarias que habían recibido gratis, era común escuchar: “es que no nos dan dinero para repararlas y no envían mecánicos”. ¡Cuántas veces tenemos activos parados porque, sencillamente, buscamos que alguien nos salve y pedimos asistencia a Dios! Dios te dirá: “¡Repara el tractor, enciéndelo y ponte a trabajar!
Sexto, el Yam Suf se apertura, es decir, se cumple lo que desde Bereshit se había estado simbolizando y al inicio jamás lo vimos (Bereshit 1:4, 6,9). Dice la Torá de que Dios envía a un malaj para mover la columna de Nube y la Columna de fuego (14:19), y que, en el momento previo al amanecer (14:24), es decir, durante la noche y en el momento más oscuro de la noche, Dios hace separaciones como en Bereshit (14:21). Ambos, Israel y Egipto, viven la misma manifestación, pero desde una perspectiva distinta. La columna es luz para Israel, pero la oscuridad es para Egipto. Dios separa la luz de las tinieblas como en Bereshit, y Dios separa las aguas de la tierra firme para que Israel camine seguro a su libertad, pero para los egipcios dice que sembró confusión (14:24).
Paró en su orgullo, se aproxima con 600 (6X10X10) carros escogidos (14:6-7), es decir, seiscientos representan a la humanidad confiando en su poder, su tecnología y buscando mostrar de que tiene el control de todas las situaciones a su máxima expresión. Sin embargo, Dios manda su salvación de una manera inesperada (14:25): quitando las ruedas de los carros en la tierra firme, sembrando confusión e infringiendo a los maltratadores el dolor que hicieron a sus esclavos antes de perecer, porque dice que Dios los maltrató. A veces Dios no nos salva con espectáculos sobrenaturales, sino haciendo fallar aquello en lo que el hombre confía. ¡Cuántas ruedas ha quitado y por tener una columna de nube o ir corriendo, ni cuenta te has dado! ¿Sabes que son las ruedas de hoy en día? Claro, el suministro de agua, la energía, el internet, los softwares, las redes, los medios de comunicación, las cadenas de abastecimiento entre otros.
Séptimo, Dios permite que Israel mire cómo sus opresores son ahogados en el caos y cómo Dios vence a Baal Tzefón. El dios del caos no puede contra el Dios que controla los elementos, es claro que Hashem controla el mar (caos), pero también separa (ordena) y vuelve todo a su estado original como en la Creación, es decir, el caos no puede con Él. Esto genera una burbuja de efervescencia anímica alta, que a su vez provoca en Israel la canción, la alegría, y el gozo. Pero ¿qué sucede en el camino a la redención? Dios hace pasar las verdaderas pruebas, no para saber si aprobamos o no, sino para sacar lo que está dentro de nuestro, al final, allí está lo que debemos transformar. La euforia no es madurez, la libertad debe ser probada.
Es así como Dios manda las pruebas en Mará (15:23) que representan la sed y amargura, posiblemente la amargura del dolor que sufrimos en el pasado. Si no quitamos la amargura del alma, siempre estaremos sedientos. La sed es la carencia externa, la amargura es la carencia interna. Dice que estuvieron tres días sin agua, que es similar como a tres días sin Torá. La sed sería similar a la desconexión con lo Divino, y por lo tanto genera amargura, la pérdida del sentido de amor, el resentimiento y desconfianza hacia lo nuevo. Esto me lleva a pensar que la sed revela lo que falta y la amargura, cómo reaccionamos. La cura para la amargura dice que fue un etz עֵץ, árbol, sin especificar su origen botánico (15:25). ¿Recuerdan nuestra plegaria de cada Shabbat? “La Torá es árbol de vida (עֵץ חַיִּים)”, es decir, la Torá endulza las aguas y calma la sed del alma.
Luego nos lleva a Elim (abundancia), a un oasis (15:27). Allí no solo quita la sed, allí nos trae paz, descanso, refugio, estabilidad. Dice que llegaron a los doce manantiales de agua, representando a cada tribu, a cada identidad. La palmera representa a la Torá vivida porque, como dice Tehilim 92:13, “el justo florecerá como la palmera junto al cedro en la casa de Adonai”. La palmera es una sombra en el desierto, da frutos dulces, es fuerte, genera resistencia porque florece en el desierto, crece recta (como los justos) y no se quiebra fácilmente. ¿saben que una palmera puede soportar grandes huracanes? Es decir, ser palmera, equivale a ser maduro. Además, esta madurez llegará a todas las naciones porque menciona 70 palmeras, lo que generará impacto en la humanidad.
Después de este episodio, dice que toda la comunidad llegó a Sin סִין (deseo) (16:1) entre Elím y Sinaí… ¿Qué representa? Es claro que retornan al desierto, es decir, nos enfrentamos nuevamente a la carencia, la desnudez, la vulnerabilidad. En este punto, el inmaduro es subjetivo, no ve la realidad de manera clara y cae en la contradicción. Y están entre la abundancia y la entrega de la Torá. Ellos desean calmar una ansiedad interna.
En la Torá, la carne representa el placer inmediato, el impulso corporal o el consumo sin proceso, como vimos en Esav o leemos en Tehilim 73 (mi carne y mi corazón desfallecen). Ellos buscaban ser servidos, no alimentarse. Así que el problema no era el apetito, sino la falta de límites. En hebreo, dicen los jajamin como Najmánides o en el Midrash Mekhilta de Rabí Ishmael, que hay una palabra que describe este deseo posteriormente en los escritos, la cual es “taava” תַּאֲוָה el cual es un deseo desmedido, un impulso que no conoce límites.
Así que Dios envía aves (codornices 16:13) y pan por la mañana para apaciguar este deseo ilimitado. Vemos que Dios nos envía el Maná como el antídoto para controlar el deseo, el impulso. El Maná viene a resolver el dilema sobre ¿Podemos vivir sin controlar el mañana? Nos da responsabilidad (se recoge), nos pone límites (no consumo más de la porción que me corresponde) y enseña Bitajón, a confiar de que mañana nuevamente estará disponible. Por lo tanto, aprendo a no acumular ni a controlar. La libertad no se sostiene acumulando, se sostiene confiando y actuando cada día. También es interesante que envíe aves, seres que están entre el cielo y la tierra, como sí representaran aquel deseo que aún puede elevarse. En hebreo, las codornices שְׂלָו / slav tiene su raíz en shalev שָׁלֵו que significa calma, paz. Así que Dios, nos manda la calma y la confianza para limitar el deseo.
Finaliza la porción indicando que salieron del deseo (Sin) y acampan en Refidim רְפִידִ֔ים (17:1), y nuevamente hay carencia de agua (Torá). Los jajamin (Rashi) interpretan este lugar como רָפוּ יְדֵיהֶם (rafú yedehem), «debilitamiento de las manos». Es decir, se relajaron. Al relajarse o acomodarse en exceso, también se debilita espiritualmente. Vemos, por ejemplo, que cuando se cansaban las manos de Moshé, Amalec prevalecía (17:11). En este lugar viene el odio gratuito, el odio sin sentido; es decir, Amalec, y ocurre en Masa (prueba) y Merivá (contienda). Es decir, cuando las manos se debilitan, el agua deja de fluir, hay sequía en el alma. Así que, el lugar más peligroso para Israel no fue Egipto, no fue el Yam Suf, fue Refidim. Acá no había látigos, no había Paro, no había caos, sino que había cansancio de manos. En Refidim, la queja se vuelve acusación al cuestionar a Dios (Merivá), y la fe se vuelve exigencia (Masá), y es cuando aparece Amalec. Por eso Beshalaj no termina con un milagro, sino con una guerra, porque la verdadera batalla no es contra Egipto, sino contra aquello que trata de darnos una vida sin compromiso.
No sé en qué estación pueda estar nuestra alma, pero seguro que el camino corto no es el más seguro, ¿seremos probados? Sí, el justo es levantado 70 veces, crece firme como la palmera, y como dice Tehilim: “Joven fui, y también envejecí, y no he visto justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan”. La libertad es reconocer que nunca nos faltará el Eterno, siempre estará con nosotros y debemos vivir agradecidos por lo que vivimos.
Shabbat Shalom
Mauricio Quintero
