“Jesed y verdad se encuentran; justicia y paz se besan” (Tehilim 85:11)
Esta porción es una de las porciones muy ricas en historias y relatos prácticos para la vida diaria. Parece ser que hay una aparente contradicción en el título de nuestra parashá, ya que habla sobre la vida de Sara supuestamente, y sin embargo, tanto al inicio como al final habla de la muerte de Sara y Abraham, respectivamente.
Lo que si vemos es que el relato va introduciendo el rol de nuestro patriarca Itzak de manera indirecta, ya que él era la razón de la vida de Sara, y de la continuidad de su legado, que queda en suspenso cuando su “tienda” queda vacía al fallecer, por lo que era importante buscar quién era digna de ocupar la tienda de Sara a fin de continuar con el legado de Abraham.
Después de la muerte de Sara, la Torá relata que Abraham busca un lugar para sepultarla y honrar su memoria. Él acude a Efron para que le venda una tumba, quien al inicio la “ofrece” gratis, pero termina vendiéndola a un precio injusto y excesivamente caro. Luego, se desarrolla una misión imposible: la búsqueda de una esposa para Itzak. En aquellos tiempos no había una APP para buscar parejas, por lo tanto, dar una pareja idónea era una tarea arriesgada y difícil en un mundo en donde aún el conocimiento y la ética de la Torá no había sido diseminada por el mundo. Vemos entonces cómo la Divinidad guía al siervo de Abraham y su misión es completada retornando con Rivka a ocupar el espacio de la tienda que había dejado Sara, generando un milagro en Itzak, ya que logra expresar amor siendo una persona retraída o introvertida según nos deja el relato interpretar. Finaliza con Abraham volviéndose a casar, y dando herencia a sus hijos, estableciendo que su descendencia seguiría a través de Itzak. Al momento de su muerte, aparentemente sus hijos viven en paz y se reconcilian.
A pesar de todo lo anteriormente quisiera enforcarme en desarrollar algo que encontré en esta porción: Jesed Shel Emet חֶסֶד שֶׁל אֱמֶת (Jesed genuino, desinteresado) y Jesed shel Sheker חֶסֶד שֶׁל שֶׁקֶר (jesed de mentira) o Jesed Mezuyaf חֶסֶד מְזֻיָּף (Jesed falso). Abraham y Sara representan la vida máxima de Jesed, ellos eran hospitalarios, daban sin pensar haciendo misericordia a los demás, “invocaban el Nombre Divino”, entre muchas expresiones de bondad en acción, y ahora nos encontramos que ambos fallecen en esta porción, creando una “distorsión” digamos en la historia, un vacío, que será necesario llenarlo.
Veamos, en la primera historia. Efrón encarna a un Jesed falso, vacío. Ofrece un regalo, gratis, delante de muchos para mostrarse como bondadoso y con palabras dulces cuando dijo: “No, señor mío, escúchame; el campo te lo doy… (V. 23:11)” pero al final demuestra sus intenciones codiciosas y bien calculadas poniendo un sobreprecio de 400 monedas de plata de mercaderes a la tumba que sería de Rivka. En contraste vemos a Abraham en silencio aceptando el sobreprecio para enterrar a su esposa “Pero pesó Abraham la plata” (V.23:16). Es decir, Abraham actuó sin esperar nada a cambio. En el judaísmo bíblico el más alto jesed es aquel que no tiene reciprocidad, es decir, no se puede devolver el “favor”. En su expresión máxima, la honra de un cuerpo fallecido al enterrarlo es el acto de jesed máximo, porque un muerto jamás podrá retribuir a quién lo está enterrando. En este caso, Abraham muestra Jesed a su esposa y sin esperar nada a cambio. El verdadero jesed no busca conveniencia, busca la honra y retribuir con justicia.
Luego, vemos en el relato milagroso del siervo de Abraham, que según los midrashim era Eliezer, del cual no sabemos realmente si era un nombre real o un nombre que evoca una virtud a una persona. El siervo jura servir a su amo, y su misión no era sencilla: Buscar esposa para Isaac. En su afán de encontrar el éxito en su misión tergiversa las palabras de su amo cuando está frente a la familia de Rivka, lo cual denota discernimiento bajo contexto en que se encuentra mientras busca realizar Jesed a su amo. Tendré muchos problemas con lo que expresaré con muchos, pero su Jesed está guiado por la sabiduría, su propósito está más allá de la verdad literal, y aprendemos que no toda la verdad debe decirse de igual manera a todos. El verdadero Jesed se basa en sabiduría, no en ingenuidad. Vemos entonces el jesed be-jojmá, la bondad con sabiduría.
Asimismo, en esta parte del relato vemos el Jesed Naki סֶד נָקִי, una bondad pura en Rivka. Parece que el Jesed en ella era un don natural o se pudo manifestar hasta que la chispa de Sara se apagó. No muestra interés, ni miedo al esfuerzo cuando da de beber a los camellos de Abraham. Nadie le pide hacerlo, ni la obligan a realizar dicho esfuerzo, a pesar de lo agotador que fue su acto. Por ello es elegida por la Divinidad, representando a la mujer que da incalculablemente, un jesed que no dudó en irse con un desconocido, a una tierra desconocida y a separarse de su familia.
En contraste, vemos en la casa de Rivka un Jesed callado y manipulador. Dice el 24:3 “Y Rivká tenía un hermano, y su nombre era Labán…” un dato interesante que no debería pasarse por alto, puesto que no presenta, sino que omite en la introducción a su familia, a su padre, Betuel. El hogar de Rivka la autoridad paternal había sido silenciada, su madre controla la casa desde la sombra y su hermano Labán, ambicioso toma el control. El silencio del padre y el protagonismo de Labán revelan una cultura de Jesed falso, hospitalidad de palabra, interés en su corazón. Rivka tiene el mérito de romper este ciclo, este patrón puesto que sale de Harán. Salir de Harán (fuego, engaño e idolatría) denota un deseo de elevación por parte de Rivka.
También vemos en la historia de Labán (blanco) vemos una máscara. “Y aconteció que cuando oyó las palabras de Rivká… y vio el pendiente y los brazaletes…” (24:30). Labán corre, no como Abraham para atender a los forasteros frente a su tienda, sino motivado por la codicia. Es la representación de un jesed falso, su boca dice bienvenido, pero sus ojos calculan el peso de los regalos.
En Itzak e Ishmael vemos también el jesed. Ishmael (יִשְׁמָעֵאל) significa “Dios escuchará”. Sin embargo, el angel le dijo: “Él será un pere adam —un hombre salvaje, como un asno montés.” (Gen. 16:12)”. Es decir, el Jesed sin límite y sin dirección provoca un desequilibrio al carecer de justicia, Ishmael escucha, pero no transforma. En cambio, Itzak (él reirá) denota alegría, gozo espiritual. Itzak pone límites a su Jesed, lo domina logrando la integración y continuidad. Vemos entonces que en el 25:9 “Y lo sepultaron Isaac e Ishmael sus hijos…” Itzak con el pasado entre ambos pudo haber excluido a su hermano de este momento, sin embargo, lo integra, le da un lugar, lo incluye. Este es un gran Jesed, el que da lugar al otro, el que busca la reconciliación, incluso el que integra, porque también leemos que integra a los hijos de Ketura (25:6) asegurando que sus nombres queden inscritos en la Torá. El Jesed de Itzjak es un Jesed Mejaber, una bondad que conecta (Jibur, raíz de Hebrón), es la bondad que une lo que estaba fragmentado. Y es así como retorno al inicio, dice al inicio que Sara fue enterrada en Quiriat-Arbá “la ciudad de los cuatro”, refiriéndose a los cuatro patriarcas Adán y Java, Abraham y Sara, Itzak y Rivka, Yaakov y Leah. Se dice que el cuatro representa las dimensiones del ser humano: Cuerpo, Alma, mente y emociones. Sara logró integrar en su Jesed vida con muerte, lo humano y lo divino, pasado con el futuro, masculino con femenino, el dolor con la esperanza.
En el 24:67 dice: “Y trajo Itzjak a Rivká a la tienda de Sara su madre, y la amó; y fue consuelo para Itzjak después de su madre.” La bondad y el amor verdadero no reemplaza, da continuidad. No olvida, integra. Así vivió Sara, así honró Abraham, así rió Itzak. ¿cómo es nuestro Jesed? ¿Integramos o atomizamos? ¿Damos para ser vistos, o porque reconocemos a Dios en el otro? El Jesed Shel Emet es el que construye vínculos como el de Abraham, Rivka, Itzak y el siervo. El Jesed mezuyaf es el que aparenta unión, pero deja división como el de Efron y Labán.
Cierro de igual manera con la historia de nuestra Haftará, así como Abraham busca la continuidad de su legado, David está buscando la continuidad. El veradero Jesed prepara el camino hacia el futuro. Así como Abraham buscó esposa a Itzak, David debe asegurar el trono a Shlomo (2 Sam. 7:12-13). Vemos como Bat Sheva y Natán arriesgan su vida como un acto de jesed, para proteger la promesa Divina a David (1 reyes 1:17). Ella defiende la verdad aunque esta sea incomoda.
Así como hubo un Labán y un Efron simbolizando la bondad interesada, vemos cómo Adonías (Adoniyahu) se comporta igual, “Y Adoniyahu se exaltó, diciendo: Yo reinaré…” (1 Rey. 1:5). Luego, se levanta para organizar un banquete en un acto de bondad falsa: generosidad para ganar poder, tanto de los militares y sacerdotes. Y así como Labán corrió a los regalos que ofreció el siervo de Abraham, Adoniyahu corrió hacia la corona, no hacia la continuidad del pacto de David.
De ambas historias aprendí que debemos soltar el control, y confiar en quienes vienen detrás nuestro, el Jesed más profundo será formar herederos del bien, personas que continúen el legado Divino, en que se multiplique y transforme el futuro. A Abraham bastó en formar a Itzak, y a David a Shlomo. Ambos preparan el alma en otro para continuar nuestro legado.
La verdadera continuidad del pueblo de Israel desde Abraham e Itzjak, hasta David y Shlomó, depende siempre de distinguir entre el jesed que edifica y el jesed que solo parece bondad, pero está vacío de pacto. El primero sostiene el futuro; el segundo intenta robarlo. Por ello, cuando el “Jesed y Emet (verdad) se encuentran, la Justicia y Paz se besan” Jésed ve-Émet nifgashú; Tzédek ve-Shalóm nashakú.
Que tengamos el mérito de continuar el legado de Shear Yashuv y de nuestro RANEBI.
Shabbat Shalom
Mauricio Quintero
