Sheminí “Octavo”.

Nuestra parashá de la semana es el momento cumbre de las porciones leídas en Shemot. En Terumá Dios le revela a Moshé el modelo, detallando el Arca, la Menorá, la Mesa, y cómo es la estructura del Mishkan. Es decir, comienza un patrón Divino que dará forma a lo que se está inaugurando en nuestra porción de la semana.

Luego Tetzaveh, se habló sobre el servicio y las vestiduras sacerdotales, definiendo las vestiduras de Aaron, el rol sacerdotal, se introducen elementos que serán usados en el servicio como el aceite, incienso, etc. Acá se eleva el nivel, pasamos de un plano físico (el lugar) a un nivel de cómo la persona que servirá delante de Dios y las personas debe presentarse, sobre quién es y cómo debe servir.

En Ki Tisá, hubo una ruptura por el becerro de oro, en donde se ofrece un “servicio digamos no ordenado” por Dios, generando muerte en el pueblo. Hay crisis, a punto tal que Moshé rompe las tablas. Es decir, nos va dando una idea de que la espiritualidad manifestada sin instrucción o un “marco” genera una desviación que produce muerte.

En Vayakhel inicia la construcción del tabernáculo, iniciando con el aporte en forma de ofrenda de todos los materiales, y no eran los materiales lo que resalta, sino la generosidad del pueblo al punto tal que debió pedirles que dejaran de dar. Así, unos aportan materiales, otros su creatividad, otros su mano de obra. Y ahora Israel está enfocado como uno solo en una tarea objetiva: Ejecutar la obra encomendada a Moshé en Teruma. Ahora la espiritualidad baja al nivel práctico.

En Pekudei, se finaliza el Mishkán, todo se hizo como Dios ordenó, y lo más importante que no era el edificio en sí, sucede: “La Gloria de Dios llena el vacío, el Mishkán”. Es decir, el fruto de la obediencia con humildad es la manifestación de la presencia Divina.

Ahora, el Mishkán por sí solo no tiene sentido, debe interactuar el hombre y la presencia Divina, y esto no ocurre si ambos viven en mundos distintos, así que “el lugar escogido de encuentro” se vuelve un punto focal, en donde Dios que está presente en todo lugar, decide manifestarse. Y ahora, el hombre tiene la oportunidad de acercarse a Dios. El hombre no puede estar en todo lugar, por ello es que Dios decide darle un lugar. Pero para poder acercarse adecuadamente, Dios diseña para el hombre que desee acercarse y con una forma estructurada, los Korbanot, definiéndose así el sistema de ofrendas.

Ahora que vemos que existen personas que desean acercarse a Dios en “su casa”, debe haber por un tema de orden y estructura, personas que los puedan recibir y los guíen para que sus ofrendas sean presentables delante de Dios, es así como en Tzav se les dan indicaciones a los sacerdotes, y se consagra a Aaron y a sus hijos por 7 días, además de darles instrucciones precisas de cómo llevar a cabo el servicio.

Si nos ponemos en un plano de línea de tiempo, Terumá ocurre en el mes de Siván en el Monte Sinaí, 40 días después el 17 de Tamuz ocurre el becerro de oro. Dios nos perdona y entrega las segundas tablas en Yom Kippur (10 de Tishrei), se construye posteriormente en Mishkán entre Tishrei y Adar, y el 1 de Nisán luego de 7 días de consagración ocurre Sheminí, es decir, algunos estudiosos estiman de 9-10 meses ocurrió entre la entrega del diseño y este día de inauguración. Esto le pone un poco de sentido que era un día sublime para todos, de expectación, había pasado un ciclo de gestación similar al de un embarazo, todos expectantes del momento del nacimiento.

Pero el día que debería suceder lo mejor del mundo, en un climax espiritual sucede una desgracia. Dice la porción que Nadav y Avihú presentaron: “esh zarah asher lo tzivah otam, fuego extraño que no les fue ordenado”. ¿consecuencia? Muerte, tristeza y dolor para su padre Aaron, separación de familia, y sentimientos encontrados entre la alegría de la espiritualidad y el temor por la presencia Divina.

Retornado a la estructura de la porción, nos habla sobre la inauguración del servicio sacerdotal guiando Moisés el proceso de ejecución de Aaron (9:2-22), Dios se manifiesta (9:23-24) aceptando la ofrenda, generando un momento de conexión única entre lo humano y Divino.

Pero luego, ocurre algo que vino a “estropear” la fiesta, los hijos de Aaron ofrecen un fuego extraño (10:1-7) y un fuego Divino los consume. Y luego Dios indica que los sacerdotes no pueden presentarse delante de Dios bajo los efectos del vino (10:8-11), y luego Dios establece límites dietéticos para Israel (10:12-20; 11:1-47) que los harán diferentes (santos) frente a otras naciones.

Pero ¿realmente de qué trata todo esto? Creo que todas las porciones tratan sobre el mismo tema central: “La cercanía con Dios es lo más glorioso que un ser humano puede experimentar, pero también requiere de delicadeza”. Es decir, no todo impulso espiritual es correcto, es bueno, sino que las intenciones deben llevar conciencia y orden, requiere que nuestra santidad vaya acompañada de estructura, no de espontaneidad.

Recuerdo que de joven solía tener experiencias espirituales muy intensas, a tal punto que perdía la conciencia física de tiempo, espacio, lugar, experiencias en las que me descontrolaba hablando “lenguas angelicales” supuestamente y caía al suelo en “reposo espiritual”. Se volvía tan adictivo ser “pentecostal” luego de venir de una rigurosidad católica romana, en donde el “espíritu” no fluía libremente. Luego, al irme a un lado más místico también encontré que buscar las experiencias espirituales profundas en forma de gnosticismo y meditación eran experiencias muy poderosas, pero ¿realmente era lo que Dios ordenó? Entiendo de que muchos queremos experimentar la espiritualidad fuera de un ritual, de un sidur, fuera de la frialdad repetitiva de las oraciones, y es tentadora la oferta “extrasensorial” que hoy en día existe en el mundo espiritual. Nuevamente creo que el problema con la espiritualidad es que si no existe un “marco” o “estructura” puede derivar en consecuencias como leemos en la porción.

Leemos en la Haftará (2 Samuel 6:1-7:17) de que el Rey David traslada el arca del pacto a Jerusalén, mientras va en camino en una carreta, el arca casi cae, y para evitar que toque el suelo de manera muy inocente y con sinceridad o reverencia de corazón, un hombre llamado Uza la toca para evitar que caiga. ¿cuál fue el resultado?  Uza muere, aparentemente una acción de acercamiento a la Divinidad no ordenada. Nuevamente el patrón finaliza en tragedia. Al parecer el patrón se repite: “El mundo espiritual requiere de orden”.

Siempre lo ejemplifico como un cable de energía de alta tensión, la pregunta es: ¿la energía es buena o mala? La respuesta clásica: Depende. Para que la energía se canalice adecuadamente requiere de un sistema de contención a través de un cable. Si nos exponemos a la energía pura directamente el resultado es desastroso, pero si nos acercamos a la energía de forma “protegida” con guantes, equipo especializado, el resultado es positivo, lleva la electricidad a casa y nos ayuda en la vita cotidiana. Así que la pregunta, ¿cómo me acerco a la energía Divina? En un mundo que quiere vivir sin reglas, sin orden, ahora es como impensable tratar de estructurar cómo acercarnos a Dios.

Si vemos en el Mishkán, había un fuego que de noche se elevaba como una columna dando luz, calor y protección de noche. Pero también leemos que un fuego fulmina a Nadav y Avihú. Dios quiere que nos relacionemos con Él con cercanía, pero con limites, con conciencia (no ebrios) y con estructura (orden). No es de alejarnos, es de acercarnos adecuadamente.

Nadav (נדב) viene de la raíz “ofrecer voluntariamente, generosidad espontánea”, es decir, una energía que potencialmente no está contenida. Y Avihú (אביהוא) “El es mi Padre o mi padre es El (Dios)”, implica una cercanía íntima. Juntos son muy elevados, la espontaneidad espiritual (Nadav) y la intimidad con Dios (Avihú), pero esta intensidad posiblemente provocó presentar un fuego no ordenado por Dios. En cambio, quedan vivos Eleazar (Dios me ha ayudado) e Itamar (Isla de palmeras, o lugar de estabilidad), es decir, equilibrio. Algo similar ocurrió a su padre en el Becerro de oro, permitió una expresión “religiosa” no ordenada por Dios, es decir, la espiritualidad sin instrucción clara, una especie de fuego extraño. ¿resultado? Muerte. Aprendemos entonces que no toda cercanía a Dios es válida solo por ser intensa o sincera, requerimos de instrucción, límites y forma.

Entonces, ¿cómo saber si estoy ofreciendo fuego extraño a Dios? ¿puedo ser creativo en mi relación con Dios? Primero, pienso que es un área gris, pero hay que entender que la Torá es nuestro marco, y existen mandatos explícitos los cuales no podemos cambiar y no están sujetos a nuestra valoración personal, como, por ejemplo: No tendrás otros dioses, no asesinarás, no te acostarás hombre con hombre, etc. Son mandamientos que no nos dan espacio a interpretación. Luego puede haber reinterpretaciones que no eliminan el mandamiento original, sino que lo amplían dentro de un marco para hacerlos más prácticos hoy en día, ejemplo de ello es cuando Yeshúa dijo: “No matarás, pero si tienes una ira destructiva entonces ya es como si estuvieras asesinando” o “no adulterarás (físico) pero si deseas a la mujer ajena en tu corazón ya estás adulterando” o “amarás al prójimo, incluyendo a tu enemigo”. La interpretación complementa, no cambia el mandamiento original. Segundo, viene acompañado de humildad, por lo tanto, se deja examinar y validar por otros. Tercero, es sostenible en el tiempo.

Los peligros de hoy en día es que hay personas que su espiritualidad es una experiencia en la cual “sienten que es correcto, por lo tanto, es correcto”. Otros, “buscan saltar procesos” como por ejemplo no presentar el fuego ordenado y buscar una nueva fórmula. Tercero, intensidad, pero sin estructura. Lo dije antes hablaba en lenguas pero honestamente ni entendía qué decía, y no tenía conciencia de mí mismo, había experiencia muy fuerte, pero sin bases. El resultado de vivir bajo un nivel alto de sensaciones espirituales me hacía inestable. Al salir de las experiencias espirituales fuerte sentía que no volvería a cometer los mismos errores que me aquejaban, porque era una especie de “san mauricio”, pero la realidad es que a los 10 minutos de salir del éxtasis me encontraba cometiendo errores, provocando en mí frustración y culpa, es decir, no tenía estabilidad.”

Sheminí, octavo, implica aquello que está más allá de la naturaleza, en donde se rompe un ciclo, donde hay trascendencia. Es como decir, en los primeros 7 días se hizo el Mishkan, en el octavo Dios se manifiesta. Pasa de lo que el humano está habilitado a realizar (7) a la experiencia en donde lo Divino irrumpe (8). ¿Qué aprendemos entonces? Que hay dos niveles de vida espiritual, un nivel en donde hay materia, sistema, orden, disciplina y un nivel en donde hay Presencia de Dios, intensidad espiritual y trascendencia, y que, si no entramos debidamente, puede convertirse en una tragedia.

Cierro, que todas las porciones desde Terumá hasta Sheminí vinieron corrigiendo el error del Becerro. El error del Becerro de oro no fue solo idolatría, fue intentar acercarse a Dios sin esperar ni respetar el canal indicado. En Terumá nos corrige de “inventar libremente formas”, Dios da un modelo exacto del Mishkán. En Tetzavé, Dios corrige “cualquiera pude hacerlo”, Dios define el rol de los sacerdotes y Aaron dando estructura al servicio. En Ki Tisá expone el problema en donde nos muestra la espiritualidad impulsiva, la falta de paciencia y la necesidad de “algo tangible”; el problema es que el “humano quiere controlar lo Divino”. En Vayakhel corrige las intenciones, en el Becerro todos dieron, pero para destrucción. Acá vimos que la generosidad fue canalizada correctamente y no desbordada hacia lo incorrecto. En Pekudei, corrige la ejecución, porque “todo se hizo como Dios ordenó o como mandó a Moisés”. En Vayikrá corrige el acercamiento, nos da reglas claras de los Korbanot. “Acércate adecuadamente”. En Tzav corrige la preparación, da 7 días de entrenamiento, hay disciplina antes de actuar. La emoción no sustituye la formación. En Sheminí, es el test final: Presencia Divina real manifestada. Acá, Nadav y Avihú fallan en la “iniciativa espiritual no ordenada”, que es corregida por la liberación de fuego divino.

Mi deseo es que Dios se manifieste a cada uno de la manera personal que cada uno necesita para sentir y vivir su espiritualidad, pero que lo hagamos en el momento correcto, con la intención correcta y bajo el marco correcto para llevar mucho fruto.

Shabbat Shalom

Mauricio Quintero