“Arbeit macht frei” (El trabajo te hará libre) es una frase utilizada durante la época nazi para oprimir al pueblo de Israel en Europa. Al final, lo que deseaba Hitler y sus secuaces era borrar el nombre de Israel (judíos) de la memoria colectiva e histórica, obligándolos a realizar trabajos innecesarios y sin sentido para que su memoria y misión fueran olvidadas.
Históricamente, los libros del Tanaj en hebreo, basan su nombre como en Shemot que significa Nombres, de acuerdo con sus primeras palabras que tienen un significado. Por otra parte, los estudiosos teólogos cristianos cambiaron el nombre de Shemot a Éxodo en la Septuaginta respecto a un resumen temático del mensaje, según ellos, principal. Éxodo, que significa “salida”, destaca la importancia central para ellos del evento de salir de Egipto. Parece que el nacionalismo (poder político) y la religión buscaron quitarle el sentido hebreo a la historia colectiva de Israel. Es decir, cambian el sentido de Nombres por Eventos.
Este es un punto medular, veremos a lo largo del libro de Shemot la presentación de nombres con significados, lugares emblemáticos, personajes carentes de nombre y relatados sólo por su posición. Así que nos lleva a preguntarnos, ¿Qué es un nombre? ¿Qué delata un nombre? ¿Por qué es importante un nombre?
En la cultura hebrea vemos que las autoridades inspiradas por el Eterno son los encargados de nombrar, es decir, Dios nombra directamente (como el caso de Abraham o Adam) o a través de un enviado (El Angel que cambió el nombre a Yaakov), también los padres nombran – padre, madre o ambos- como lo vemos con Isaac, o los hijos de Yaakov, o Efraim/Menashé con Yosef. Usualmente el nombre es modificado en algún momento cuando su misión o propósito cambia, como Yaakov a Israel, o Abram a Abraham.
Un nombre, delata. ¿qué delata? Una revelación sin ser explícito el significado en el corto plazo. El nombre tiene por función ejercer la memoria personal y colectiva. Vemos al inicio de la Parashá que inicia nombrando a los hijos de Yaakov (1:1-6), luego se nombra a Sifra (quien embellece) y Púa (murmurar o hablar suave – al bebé-) (1:15), vemos el origen del nombre de Moshé (“el que saca” en hebreo, o “nacido de” en egipcio) (2:10), vemos el nombre de Midian (“lugar de juicio”) (2:16), Reuel (“amigo de Dios o Dios es amigo”) (2:18), Séfora (“Pajarillo”) (2:21), Gersom (“extranjero allí”) (2:22), Abraham- Isaac- Yaakov (2:24), los “Hijos de Israel” (2:25), Jetro (“el que añade”) y Horeb (“árido, desolación”) (2:26), leemos la pregunta: ¿Cuál es tu nombre? Y su respuesta: Ehyeh Asher Ehyeh (“seré el que seré”) (3:14), ¿qué tienes en tu mano? “un bastón” (4:2), Aaron (“el elevado”) (4:14), Jeter (“exceso, añadido”) (4:18), entre otros nombres. Es decir, como que el libro va presentando distintos actores que juegan un nombre importante, merecidos de ser recordados. Sin embargo, hay ciertas diferencias sutiles que sirven para la historia pero que Dios se reservó el nombre de ellos como: “Paró” (no sabemos su nombre), “La Hija de Paró” sin nombrarse en esta parashá (no sabemos hasta 1 Crónicas 4:18 cuando se menciona el nombre de Bitiá בִּתְיָה – hija de Dios- ), “las parteras” que suponemos fueron varias sin nombre, a excepción de dos que fueron nombradas por la Torá, “los capataces”, “los magos”, “los esclavos”, etc.
Esto me lleva a pensar que un nombre implica una relación, existes porque alguien tiene conciencia de ti y tu tienes conciencia de ti mismo. Existimos porque alguien pronuncia nuestro nombre. Si en la calle alguien grita: “shshshshshs… ¡usted! ¡señor!” realmente no sabemos si nos llaman a nosotros, pero cuando dicen: “¡Mauricio!” inmediatamente voltearía a ver porque alguien está interesado en comunicarme algo. ¿Cuál fue el primer regalo de Dios al hombre? La Capacidad de Nombrar (Bereshit 2:19-20).
En esta porción vemos cómo Paro se refiere a quien Dios había llamado “Israel”, para referirse a ellos como esclavos con el fin de deshumanizarlos. Cuando quitamos el nombre a cada persona no importa si se llama Juan, Pedro, etc. los deshumanizamos y los convertimos en números. En mi país durante y después de la guerra escuchaba la siguiente expresión: “muertos, o bajas, o desaparecidos en XX número”. Para nosotros era como decir: “hoy hubo 18 muertos, mañana 50 muertos, pasado mañana 15 muertos” y llego a ser tan común este adjetivo que deshumanizamos a las víctimas como sociedad. Esta es la misma mentira wokeque dice que las mujeres embarazadas tienen fetos en lugar de seres humanos. El nombre crea vínculos, reconoce al otro, reconoce la importancia y lugar del otro.
El nombre es tan importante porque es lo opuesto a la esclavitud. En la esclavitud hay números, no almas, hay esclavos, no seres humanos con un nombre que tienen vínculos relacionales, en la esclavitud encontramos ladrillos y trabajo arduo, en el nombre hay genealogía, historia, memoria colectiva, rostros, historias. Por ello, el primer acto de redención en Shemot es recordar nombres.
Los nombres denotan una posición, como mencioné previamente, Paró, Rey son roles sin rostro. ¡Qué triste que aquellos hombres importantes de aquella época, cuyos nombres fueron preeminentes en la sociedad egipcia, para Dios no fueran dignos de ser recordados ni nombrados! Al final, fueron funciones sin rostro. Los nombres también denotaron una tendencia en su naturaleza o esencia, como Yaakov (Talón/suplantación) o Laván (blanco), pero esta tendencia no era su destino final. Otros denotan su personalidad o rasgos como Miriam (amargura) o Ruth (compañera), otros revelan su misión (Abram hacia Abraham, o Sarai a Sara, Yaakov a Israel). Otro, es el nombre de cómo el Cielo te conoce, es cuando tu nombre toma sentido.
Al leer y estudiar y verlo de lejos como nuestro RANEBI nos enseñó, me di cuenta de que el libro comienza con Nombres Humanos, Revela el Nombre Divino y finaliza con el Pueblo que porta el Nombre Divino. Así que el éxodo no es salir de Egipto físicamente, es recuperar o volver a tener un nombre.
Más adelante, nos encontramos con un espíritu que existía tanto en el Faraón como en el Tercer Reich: “Haced el trabajo más pesado, mantenedlos ocupados, para que no digan mentiras )b’divarei skeker בְּדִבְרֵי-שָׁקֶר (5:9)”. El trabajo no era para producir, no era para que el imperio prosperara o para embellecer sus ciudades. El objetivo de Paró era borrar sus nombres, a fin de que no pensaran, no hablaran y no soñaran. Su fin era existencial.
Los ladrillos לְבֵנִים – levením viene de su raíz Lavan לָבָן, algo blanco, algo que no deja rastros, no tiene inscripción, no tiene escritura. Un ladrillo carece de nombre, de identidad, uno es igual al otro, es uniforme, al final construyes algo que no sobrevive, que no expresa quién soy o que nos pertenece. Es un trabajo sin significado.
Tanto Rashi como Mekhilta de Rabi Ismael interpretan “b’divrei sheker” como “Devarim beteilím”, que no significa “chisme”. Se refiere a palabras que no sirven al sistema del Faraón: historias de identidad, recuerdos que nos evocan promesas divinas. El Faraón inculcó una mentalidad que, lamentablemente, aún perdura.
Hace poco vi un video triste del porqué los izquierdistas necesitan pobres para sostenerse en Cuba, Ecuador, El Salvador, México, Venezuela, etc. Y todos concuerdan en que es porque al pobre le dan esperanza falsa, una ilusión de que luchan por ellos y que necesitan de estos líderes corruptos para “redimirlos en un día que jamás llegará”. El día que el pobre deja de ser pobre es un izquierdista menos y ellos pierden el poder. Esto es exactamente hacer ladrillos, darnos trabajo de esclavos para que estemos agradecidos a quién nos da trabajo sin sentido y sin vernos cumpliendo el rol que Dios diseñó en nuestros nombres.
Esta semana falleció el hijo de un compañero de trabajo de 24 años. Cuando me comunicaron esta noticia, me sentí realmente conmovido profundamente por el dolor ajeno, lloré por el dolor de mi compañero y su familia, y rogué por su consuelo. Cuando llegué a la vela en su casa, comenzamos a hablar sobre la vida de su hijo, sobre su nombre, sobre sus logros, sobre sus sueños y vi como el nombre de su hijo tuvo un efecto sanador en mi compañero, tomó sentido las fotos y recuerdos que había alrededor del ataúd. Para unos podría ser un joven fallecido quien yacía en un féretro, pero para su casa, era un joven cuyo nombre mantendrán en su memoria por siempre. Cuando Paró (sistema) nos pone a hacer ladrillos, no es sólo trabajar duro, es trabajar sin propósito. Esto podríamos decir que es hacer reuniones infinitas sin llegar a acuerdos, burocracia, tareas y métricas que no nos dicen nada útil, esto genera cansancio y vacío. El sistema fue diseñado para usarte, no para darte un propósito. Al igual que Paró, buscaron quebrar el espíritu, darnos anonimato, quitarnos el derecho de ser únicos en sentido y propósito. Así que, ¿seremos ladrillos o nombres?
Israel entró con 70 nombres, Paró los hace una masa de esclavos, Paró no llama a nadie por su nombre, incluso a Dios (no conoce su Nombre), los ve como números. Egipto quita nombres, Dios los devuelve, de hecho, al egipcio en Midián Dios lo llama: “Moshé, Moshé…”
La redención es personal para luego hacerse nacional. A Moshé la primera orden de redención fue llamarlo por su nombre. La segunda fue “Shal Naaleja Ragleja”. Quita tus sandalias de tus pies. El calzado nos desconecta de la tierra y representa las costumbres, las identidades aprendidas o heredadas, el sistema de defensas, los roles sociales o la idea formada de quién soy. Raguil (רגיל) – pies – y Ragel (רגל) – costumbres – son palabras muy parecidas. Los hábitos no son malos, pero no sirven para un propósito mayor. Es necesario cambiar la manera de nombrarme como acostumbro para escuchar cómo Dios me nombra. Shemot no es la historia de salir de Egipto; es la historia de recuperar el nombre humano y divino en un mundo que continuamente desea borrarlos. Por ello, Shabbat es sanador, porque dejamos los ladrillos a un lado para recordar nuestros nombres y tener sentido y propósito en la vida.
Shabbat Shalom
Mauricio Quintero
