Retornando a Edén.

Tetzavé תְּצַוֶּה significa “tu instruirás”. Está desarrollada en Shemot 27:20-30:10 y en resumen, habla sobre el “Ner Tamid”, la luz que arde constantemente en el Santuario y la cual se enciende con aceite puro que es llevado por el pueblo y que es colocado en la Menorá para encenderse (27:20-21).

Luego, Dios instruye que ha elegido a Aarón y a sus hijos Nadav, Abiú, Eleazar e Itamar para servir en el Mishkán como sacerdotes (28:1), asimismo, se instruye que serán ordenados en una ceremonia de 7 días (29:1-29:46) y se ordena que Aarón queme incienso en un altar de acacia. Interesantemente, en esta porción no aparece como tal el nombre de Moshé, pero está implícito porque es él quien recibe todas estas instrucciones. Moshé está recibiendo directrices futuras, un bosquejo del futuro, digamos, una revelación de lo que más tarde sucederá.

Según la mayoría de los sabios indican que esta porción sucede cronológicamente después del becerro, aunque narrativamente ocurre antes. Si vamos de una manera cronológica, podemos observar: Primero, Shemot 19:6 Dios dice: “Ustedes serán para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa.” Es decir, en el plan Divino desde un inicio era mantener una relación directa sin necesidad de una organización religiosa, tal y como en Eden vemos que Adán hablaba sin ser sacerdote, profeta o maestro con Dios directamente, incluso siendo incircunciso, y, aun así, Adán mantenía una relación ilimitada con Dios, habla directamente con Él y camina escuchando su voz, Dios habla y él responde. Luego existe una ruptura con el error (pecado), y es porque el hombre decide perder su conciencia original y reemplazar la Conciencia Divina por la humana, produciendo distanciamiento, y aparecen querubines para limitar el acceso a la relación Divina. Este no era el modelo de Dios, en el modelo Divino Dios quería mantener una relación estrecha con el ser humano representado en Adán, quien fungía como sacerdote (sirve a Dios en el jardín), es rey (domina la creación) y es profeta (escucha la voz de Dios), y vemos como Dios habita en toda la tierra, podríamos decir, el mundo es su Mishkan.

Luego hay intentos parciales del hombre por reencontrase con Dios, y vemos cómo hay cierta chispa hacia la Divinidad en Noé, Abraham, Isaac, Yaakov, Yosef, hasta que el “fuego relacional” original está a punto de apagarse en el lugar más estrecho (Mitzraim), en la esclavitud. Ahora los esclavos pierden su Nombre, sus identidades, y pasan de ser hombres libres a ser esclavos. Dios los saca con maravillosas señales y prodigios, los salva continuamente y ven como sus maltratadores mueren cerrando un ciclo de esclavitud en sus mentes. Ahora, deben aprender a vivir libremente, y Dios decide enviarlos al desierto, un lugar asolado, pero están aislados del mundo; es como diríamos clínicamente hoy en día: los manda Dios a una cuarentena espiritual.

Es así, que llegamos a la parashá de Yitro, en donde Dios se revela a la nación de Israel, y todos logran captar la Divinidad, escuchan las 10 palabras y se vuelve a unir el mundo como en Edén, el Cielo y la Tierra son uno. Hay unificación del mundo espiritual y del mundo material. Vemos claramente en Shemot 19:4-6 “…y os he traído a Mí. Ahora pues, si escuchareis atentamente mi voz y guardareis mi pacto, seréis para. Mí un tesoro especial sobre todos los pueblos, puesto que mía es toda la tierra; y vosotros seréis para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa…” Sin embargo, nuevamente por el ser humano se produce una ruptura. Ahora Dios quiere restaurar su relación con un Adán colectivo, una nación llamada Israel. Sin embargo, se abruman por el esplendor, la revelación intensa y pura, por lo que ellos piden un intermediario (Moshé) para no recibir directamente la revelación Divina, ya que produce temor y miedo. Ante esta petición, Moshé sube por una peregrinación de 40 días y aparece la respuesta divina no como un fin ideal, sino como una adaptación para reestablecer la relación de Edén.

Durante estos 40 días ocurren Trumá, Tetzavé y parte de Ki Tisá. En Trumá vimos que la idea central de Dios es que, si el pueblo no quiere una relación directa, entonces le crearemos un “enfoque pedagógico” al centro del campamento porque mi deseo es implícito en este verso: “Harán para Mí un Santuario y habitaré dentro de ellos” (25:8). Es así, que Dios decide traer al Edén en medio de ellos. ¿Se recuerdan cómo Dios restringió el acceso al Árbol de Vida? Con Querubines restringiendo su entrada. Ahora Dios, coloca en medio de ellos, en su santuario el Arón (Arca) con Querubines y en medio de ellos. Como ejemplo de esta mediación que pidió Israel aparecen los roles con fines pedagógicos y no como un fin, sino como un medio para acceder a la Presencia manifestada de Dios: Moisés como profeta, el sacerdocio (Aarón y sus hijos) como ejemplo de cómo vestirse (simbólicamente) apropiadamente, el ritual (sacrificios) y el servicio (levitas en el tabernáculo). Dios no está introduciendo una idea nueva, lo que está haciendo es restaurar una relación antigua, en Edén había una Presencia Directa, ahora en el Mishkán hay una presencia reencontrada, es decir, es un Edén portátil. La historia bíblica se convierte en aprendizaje relacional. Leemos entonces que Dios le dice a Moshé como accediendo al portal del Edén: “Y allí me encontraré contigo en tiempos señalados, y hablaré contigo desde encima del propiciatorio, desde en medio de los dos querubines que están sobre el arca del testimonio,” (25:22). ¿Logran ver el Edén?

Retornando a Adán, no era circuncidado, o un sacerdote ordenado, no estaba sujeto a leyes rituales, no había un templo o un Mishkán. Era como enseñarnos: las instituciones no crean la relación, las instituciones o roles no aseguran una relación, no funcionan como un amuleto de protección. El propósito del Sinaí no fue crear religión, sino restaurar la conversación que se interrumpió en el jardín. Podríamos decir que Edén era el Santuario Original, pero ahora existe una degradación del estado espiritual del hombre, por lo que hay que educar nuevamente el humano para acceder al Edén, a la Presencia Divina. A diferencia de los templos de otras religiones de la época, el Mishkán está intencionalmente vacío, sin figuras que evoquen a lo Divino, está oscuro, no hay imágenes, no hay luz natural. Esto no es ausencia, es regreso al origen, solo está el Arca, las tablas, y un espacio vacío entre querubines. Dios ordena construir un santuario, pero aparentemente rehúsa ocuparlo físicamente. En Bereshit Dios habita en un mundo oscuro y sin forma, porque Dios no es un objeto visible. La oscuridad elimina la vista y despierta el oído, Adán no ve a Dios, lo escucha. Siente su Divinidad a través de su voz mientras camina, pero no lo ve. El vacío nos declara Dios no puede ser contenido. Por ello la Torá continuamente nos dice: “Shemá, escucha…” ¿qué quiso Israel? Una imagen visible (becerro de Oro) pero Dios se revela como invisible. Dios está oculto, y por mucha luz que pongamos solo veremos el vacío aparente, porque Él está presente, aunque no lo veamos, no es poseíble (tangible) y nuestro reencuentro requiere transformación interior.

Es así, que Dios se revela en Tetzavé, e inicia indicando que el lugar en donde habitará Dios está lleno de oscuridad aparente para el hombre, que debe traer aceite para encender la Menorá que tiene la forma de un árbol. Aunque acá no leemos cómo era la Menorá, tiene un aspecto más de un árbol que de candelabro, ya que shemot 25 describe la Menorá con cálices, ramas, botones, flores de almendro, tronco central, ramas laterales. Imaginemos que a propósito se ubica al centro del Santuario como el árbol de vida que estaba al centro del jardín. La luz de este árbol de vida depende del aceite traído por Israel, Jeremías 11:16 dice el profeta de Israel: “El Señor te puso nombre: Olivo frondoso, hermoso en fruto…” y el proceso de extracción del aceite de oliva es a través de presión ejercida por las prensas en forma de molino, que extraen el aceite. ¿Y qué traería Israel? El aceite exprimido. En forma simbólica Dios quiere que Israel mismo sea la ofrenda para presentarla delante de Dios, es Israel el aceite que sostiene la luz Divina en el mundo, y esta Luz debe mantenerse de manera continua igual que la conciencia espiritual, Jeremías insinúa en sus escritos que el pueblo mismo se convierta en luz. El Santuario necesitaba aceite para iluminar; la historia necesitó un pueblo dispuesto a ser prensado históricamente para que la Luz no se extinguiera.

Luego, Dios ordena que Aaron, quien fue el mismo que hizo el becerro, sea ahora corregido como persona y funja su rol como sumo sacerdote, al igual que sus hijos para siempre. Aaron no busca este rol, ni sus hijos. Dios sabía lo que estaba ocurriendo en el becerro y aun así pide a Moshé que lo ordene para el servicio colectivo. Se le pide que hagan (proceso) unas vestiduras especiales y sean ordenados delante del pueblo, y se ordena que quemen incienso en un altar de acacia por la mañana y tarde.  Es decir, Aaron representa al segundo Adán, a un hombre restaurado, un modelo de la humanidad antes de la caída. Adán en Genesis 2:15 dice: “Vayikaj Adonai Elohim et-ha’adam vayaniḥehu be Gan-Eden le’ovdá uleshomrá; Y tomó YHWH Dios al hombre y lo colocó en el Jardín del Edén para servirlo y para guardarlo”.Exactamente las funciones del sacerdote descritas en Números 3:7-8 (la’avod et avodat haMishkan para servir el servicio del Tabernáculo).

Adán fue puesto en el Edén (Santuario), como un mediador entre Dios y la creación, caminando delante de Dios, y estaba cubierto por la luz Divina por lo que no eran necesarias sus ropas. Al momento de la ruptura, Dios viste al hombre, y fueron necesarias las ropas para cubrir su vergüenza, su desnudez, su fragilidad, la conciencia del ego, la separación. Ahora en el restablecimiento de la relación Dios-Hombre y Hombre-Dios, Dios viste nuevamente al hombre, en este caso a los sacerdotes y sumo sacerdote, como símbolo de restauración de la fractura en Edén. Se dan 8 prendas. Ocho representa en gematría un nuevo comienzo, la eternidad, la superación del orden natural (más allá del siete) y está asociado a la letra Jet (ח) que evoca vida, y el paso a una etapa superior. Estas 8 prendas eran: Primero, El Tzit (lámina de oro puro) para la frente que decía: “Santo (apartado) para Dios”, simbolizando que la mente vuelve a alinearse, que los pensamientos son distintos, una conciencia reestablecida; Segundo, el Joshen (pectoral con 12 piedras) simbolizando que el sacerdote no entra como individuo, sino que carga con la responsabilidad colectiva, repara el egoísmo posterior el pecado y el corazón vuelve a ser colectivo; Tercero, un efod (chaleco) que era una estructura que une los hombros y pechos, simbolizando la responsabilidad. Adán descargó su responsabilidad en Eva, ahora el sacerdote “carga” responsablemente al pueblo; Cuarto, el Me’il, Manto Azul con campanas para anunciar la presencia, es lo opuesto al pecado cometido en lo oculto por Adán, ahora, somos libros abiertos, somos transparentes, es como decir “Hineni-Aqui estoy, Dios”; Quinto, pantalones de lino, para cubrir la desnudez, reparar la vergüenza y muy profundo, el cuerpo deja de ser una fuente de ruptura; Sexto, Ketonet, túnica de lino. Esta prenda cubría todo el cuerpo para restaurar la dignidad, revestimiento Divino; Séptimo, Avnet, el cinturón o faja, rodea la cintura, de material muy largo y enrollado varias veces. Los lomos y la cintura, que representa la fuerza vital (Leer Job 40:16, Genesis 35:11), impulsos – ceñir lomos- (éxodo 12:11). Es decir, al Avnet redirecciona los impulsos y atarlos para un propósito mayor; Y Octavo, el Mitznefet (turbante) que se coloca en la cabeza, en símbolo de humildad (postramos nuestras cabezas).

Tetzavé entonces nos enseña que el Mishkán no fue construido para que Dios tuviera un lugar donde habitar, sino que fue construido para que el hombre aprendiera nuevamente cómo ser morada de Dios, para aprender a iluminar la presencia Divina a la humanidad en este mundo y a restaurar al viejo Adán. Mi petición para Shabbat es que podamos traer un aceite puro, nos revistamos del nuevo hombre y nos reconectemos como en Edén. Dejemos de institucionalizar a Dios, y así como Dios “desparece a Moshé” en esta porción para enseñarnos que la relación ya no depende de una persona o un rol, sino que la Presencia Divina puede permanecer incluso cuando el gran mediador no está visible, que nosotros enseñemos de igual manera a las siguientes generaciones que el día que seamos llamados a nuestra morada Celestial, ellos no necesitarán de nosotros, sino que ellos podrán acceder a la Presencia Divina en todo momento, algo similar como nuestro RANEBI nos dejó como legado a la comunidad She’ar Yashuv, que sigue en pie como testimonio de que la vasija no era lo importante, siempre fue su contenido.

Shabbat Shalom

Mauricio Quintero