¿Relación o institución?
Vayikrá, וַיִּקְרָ֖א, “Y llamó”, es la parashá de esta semana y también el nombre del libro llamado Levítico según la tradición griega, lo que nos da dos visiones completamente distintas en su lectura y propósito.
Me puse a imaginar un poco qué sucedería si recibiera la invitación del Palacio de la Zarzuela, recibiendo una invitación del rey Felipe VI, es decir, me llamara a un “encuentro”. Creo que surgirían varios escenarios dentro de mí de manera racional y natural de ver las cosas: Primero, escucharía la invitación e indagaría cuál es el requerimiento para presentarme delante del rey; segundo, ¿qué vestiría?; tercero, ¿qué llevaría como presente para el rey?, para que recuerde nuestro encuentro, y quizá el reto más grande sería específicamente qué puedo ofrecer a un rey que no requiere nada y que seguramente todo lo que lleve podría finalizar en una bodega de recuerdos, ¿qué puedo ofrecer que me mantenga en su mente y sus recuerdos para alcanzar su favor?
En este ejemplo, específicamente, es un símil de Dios. Dios es el dueño de todo lo que existe, según Tehilim 24:1: “De Adonái es la tierra y cuanto ella contiene; el mundo y los que en él habitan.” ¡Cuántas veces he escuchado que Dios desea nuestro corazón! ¡Qué triste decepción es que Dios no desea nada nuestro! Y menos aún algo tan engañoso como el corazón. Entonces, llego a la pregunta existencial del profeta Miqueas (6:8) “¿Con qué puedo presentarme delante de YAHWEH para inclinarme ante El Elohim Altísimo?”
Quisiera desarrollar la idea de que no es importante el medio que usemos, sino la intención. Dios desea desarrollar con nosotros una relación. De alguna manera esta idea está implícita en la misma palabra Vayikrá, וַיִּקְרָ֖א,
En números 23:4 en el suceso con Bilaam vemos la forma más casual de la palabra usada para llamar es וַיִּקָּר (Vayikar) cuando dice: “Y Dios se encontró (casualmente) con Balaam” וַיִּקָּר אֱלֹהִים אֶל־בִּלְעָם o en el 23:16 “Y vino la expresión del Eterno a Balaam” Vayikar Adonay el-Bil’am וַיִּקָּר אֱלֹהִים אֶל־בִּלְעָם lo cual contrasta con la expresión usada para Moshé, que indica וַיִּקְרָא אֶל־מֹשֶׁה “Y llamó a Moshé”. Este cambio sutil está marcado por el uso de la Alef, y su connotación está entre “llamar” basado en una relación y cercanía, y “llamar” derivado de un encuentro casual, sobre una ocurrencia no permanente. Como diría Rashí, Vayikrá denota afecto y un llamado con intención. A Bilaam, Dios “se le cruza”, y con Moshé, Dios “lo llama”. Por otra parte, la alef está escrita con una alef usualmente más pequeña que el resto del tamaño de las letras de Vayikrá. Esto denota que, para escuchar la voz de Dios y su llamado, debe haber menos ego. Yo, en hebreo, es אֲנִי (Ani) e inicia con la letra Alef, pero en Vayikrá la Alef es más pequeña que el resto de las letras. Es decir, el YO se reduce, pero no desaparece, porque Dios, como dice más tarde nuestra porción, busca que el Adán se acerque. Para escuchar, el ego no debe dominar, pero tampoco debe buscar borrar la alef, es decir, reducir a cero nuestra identidad. Sin esta Alef del YO, el encuentro sería fortuito, desconectado. Sin embargo, desde el YO “equilibrado”, Dios busca un encuentro, una relación, al reducir mi YO, dejo espacio para escuchar la voz Divina.
Así que, Vayikrá es un libro que contiene diríamos ideas creativas para acercarse a Dios, para mantener una relación. Nótese que Dios no lo llama desde el Mishkán (Santuario o morada) o desde el Mikdash (Lugar santo) a Moshé, sino desde el Ohel Moed (Tienda de reunión o del encuentro), porque este lugar denota relación. Asimismo, Dios no nos llamará desde un lugar físico como una sinagoga, un link de reunión por zoom, sino desde el lugar de encuentro en un momento idóneo, es decir, desde una especie de cita. ¿Se recuerdan que Dios se revela a Yaakov en el Makom (un no-lugar)? Dice Bereshit 28:11 “Y se encontró en un lugar” Vayifga וַיִּפְגַּע bamakom. Este es otro tipo de encuentro, Yaakov iba huyendo, en la noche, estaba cansado, angustiado (su hermano lo quería asesinar) desprotegido y sin rumbo en su vida. Y mientras Yaakov está desconectado de su entorno físico (se acostó) recibe una visión, un propósito en un lugar, que más tarde llamará Bet-El. Este encuentro fue fortuito y digamos con intención, pero vemos que Dios llama a Moshé no desde “un lugar” “no en la noche”, sino desde la Tienda en un tiempo señalado. Ya no son encuentros fortuitos, ya son encuentros con propósito de relación.
Así que, podemos denotar entonces tres tipos de encuentro con lo Divino, y posiblemente muchos de nosotros en nuestras jornadas de vida hemos pasado por estas etapas: Primero, Vayikar, un encuentro donde Dios aparece en la vida, pero pienso que fue una coincidencia. Mi espiritualidad está “dormida y casi inconsciente” de lo que me comunica Dios, así como Bilaam “vidente que no ve claramente”. Luego, quizá por una angustia, un pesar, o una experiencia Dios me lleva a “un lugar- Makom” y en este momento existe una revelación que no entiendo, no comprendo, pero no puedo ignorarlo. Sé que posiblemente pasen 20 años para entender que estaba en “Bet-El”. Y por último llego a un estado de Vayikrá, un encuentro en donde hay conciencia, diálogo y cercanía con Dios. Conciencia porque entiendo que Dios me está hablando, ya sé que es Dios. Diálogo porque hay relación, y cercanía que me permite escuchar este susurro. Es decir, paso de ignorar el llamado Divino porque no lo percato, (no es que no quiera activamente “responder”), a ser sacudido por una voz revelada Divina y llego a responder conscientemente. El lugar no ha cambiado, soy yo que cambia en mi manera consciente de respuesta, es de allí que logró pasar de Makom a Bet-El.
Más adelante en 1 de Shmuel 3:4 dice “Y Hashem llamó a Samuel” “וַיִּקְרָא יְהוָה אֶל־שְׁמוּאֵל” “Vayikrá Adonai el Shmuel”, usa las mismas palabras que utiliza con Moshé, sólo que no hay una tienda de reunión, un Ohel Moed. Es interesante que añade el texto que Samuel aún no conocía a Hashem (1 Samuel 3:7), que estaba bajo la autoridad de Elí, y estaba acostado cerca del Arca en el lugar en donde estaba temporalmente ubicado el santuario. Samuel escucha la voz de Dios cuando la luz del santuario se estaba apagando, es decir, al finalizar la noche y comenzar el día, justo antes del amanecer. Samuel escucha y sabe que no es común el llamado, La Voz, pero no es como Moshé que es consciente del llamado (Moshé conocía a Dios y Samuel según el texto aún no). Samuel está en el lugar, ambiente, servicio y momento adecuado, pero no conoce la Voz. Es decir, muchos incluso estamos sirviendo en nuestras comunidades, pero no hemos aprendido a escuchar a Hashem. ¿porqué? Porque la Alef de Samuel no estaba pequeña como en Vayikrá 1 y no había suficiente espacio para recibir el mensaje. Es hasta que con “humildad” fue con Elí, lo escucha como su maestro, y sigue sus instrucciones (obediencia) actos que digamos, fueron reduciendo su “Alef”, hasta este momento logra expresar las siguientes palabras: “Habla, porque tu siervo escucha”.
Siguiendo la idea de que Vayikrá es un libro de relación, vemos que no es simplemente un manual de rituales, sino una guía sobre cómo acercarnos a Dios (korban, de karov, cercanía). La Torá describe distintas formas de acercamiento —a través de ofrendas animales, vegetales o aves— no según el objeto en sí, sino según la motivación interior que nos impulsa a acercarnos. Ese acercamiento abarca varias dimensiones de la vida humana: Primero, en nuestra relación con Dios, encontramos distintos niveles: el Olá, que representa la rendición total; la Minjá, que expresa sencillez y humildad; y el Shelamim, que nace de la gratitud y la comunión. Segundo, en la relación con nosotros mismos, aparece el Asham, que nos confronta con la culpa y nos obliga a asumir responsabilidad, lidiando con la vergüenza y la conciencia del error. Tercero, en la relación con los demás, la Torá introduce el Jatat, que nos lleva a reconocer nuestras faltas y a reparar aquello que hemos dañado, restaurando vínculos. Y finalmente, cuarto, en nuestra relación con lo material, los korbanot nos enseñan que incluso lo cotidiano puede ser elevado; que lo físico no es un obstáculo, sino una oportunidad de transformación cuando es ofrecido con intención correcta.
Retornando al principio, si el Rey del Universo nos llama este día, ¿podremos presentarnos ante Él sin culpa, elevando lo cotidiano a algo mejor que nos transforme, con agradecimiento, humildad o en total rendición delante de Él? ¿Habrá espacio en nuestra “Alef” para escuchar su voz? ¿Lo escucharemos desde un lugar cualquiera, desde el Makom o desde el Ohel Moed? ¿Nuestro encuentro será Vayikar, Vayifga o Vayikrá? ¿En la oscuridad, al amanecer o en la luz perfecta del día? ¿En una relación distante, en un despertar espiritual o en una relación madura?
El mundo griego nos hizo pensar que lo importante era “Levitico” originado del griego Λευιτικόν (Leuitikon) que se refiere a “asuntos levíticos” en el siglo II-III A.C. cuando discutieron entre los hombres la Septuaginta, porque vieron este libro como un compendio de leyes sacerdotales, detalles sobre los trabajos de la tribu de Leví (rituales, sacrificios, pureza) por lo que el libro para ellos era sobre los levitas y sus funciones, es decir, lo que prevalece es la institución. En cambio, Dios inició el libro con Vayikrá, iniciando con Dios llamando a una persona con identidad propia, a Moshé, por su nombre, enfatizando que el libro es sobre relación, sobre cercanía, sobre un encuentro íntimo. Hoy en día, el mundo quiere cambiar la relación por las instituciones. No se trata de “servir”, no se trata de “ser alguien en la comunidad”, se trata de escuchar la voz y responder activamente a esta voz. Por esto, Dios instituyó los Korbanot, para que nos acercáramos y tuviéramos una relación con Él, no importa la razón. No eran los animales, ni las ofrendas, era el deseo de responder a Su Voz. Al final, ¿qué ofreceremos, animales y vegetales que son de Él?
Mi petición es que tengamos el mérito de ser llamados y escuchar su Voz activamente, no pasivamente.
Shabbat Shalom
Mauricio Quintero
