“Los que confían en יהוה son como el monte Sión: no serán movidos; permanecerán para siempre.” Tehilim 125:1
La porción Nasó נָשֹׂא es la porción individual más larga de toda la Torá, con 176 versículos. Naso significa levantar, elevar o tomar censo. Dentro de los temas que se desarrollan en la porción están: el censo de los levitas por sus familias, detallando sus responsabilidades; nos enseña sobre la mujer sotá (sospechosa); el voto del nazir (nazareo); el Birkat Cohanim (la bendición sacerdotal); las ofrendas de los príncipes de cada tribu (Nisim).
Antes de iniciar, quisiera referirme a cómo vivían las relaciones nuestros ancestros y el mundo en general. Las relaciones eran muy predecibles al igual que las estaciones, los trabajos, y las actividades familiares. El mundo era en este sentido más estable y había una mejor predictibilidad hacia el futuro. Con la tecnología de la información, el mundo se fue transformando en todos los niveles y con la influencia en el pensamiento hemos ido transformando nuestras relaciones. Por ejemplo, recuerdo escuchar al abuelo decir que la abuela conocía sus horarios y qué actividades desarrollaba durante ciertos momentos. Los tiempos de la comida, de levantarse, de dormir eran muy estable. En mi casa desayunábamos 6 AM, almorzábamos 12:30 PM, cenábamos 6:00 PM, íbamos a cama a las 8:00 PM. Mi padre llegaba a las 5 PM en punto, todos salíamos 645 AM de la casa, retornábamos para la hora de almuerzo. El fin de semana se escuchaba radio, salíamos a la calle de 3 a 5 PM porque cuando mi papá entraba debíamos recibirlo. Las estaciones incluso eran muy marcadas: El 1 octubre comenzaban los vientos, en febrero salían las chicharras que anunciaban calor, en mayo iniciaban las lluvias y permitía que la tierra tuviera estabilidad para que en noviembre iniciarán las cosechas. Las relaciones aparentemente eran más monótonas, dejar los postres para las ocasiones especiales como cumpleaños, bodas o graduaciones; en el matrimonio las relaciones eran muy estables dentro de la familia tradicional con roles definidos, y los estrenos de ropa aparecían cuando había cambio de año secular, o aparecían los regalos en los cumpleaños.
En el mundo “progresista” el mundo fue introduciendo el consumo y la complacencia del deseo interminable, en donde el ser humano deja de tener limites y deja espacio a la creatividad inmensa de la mente. Esta manera de pensamiento condujo a que el ser humano no pusiera tampoco límite en su consumo, y comenzamos a sobreexplotar el mundo. Ahora todos desean tener vehículo, ropa nueva cada semana, comer en restaurante a diario. Al centrarnos en el placer y en lo nuevo, terminó en que contaminamos el planeta con smog producido por el consumo de combustible en vehículos, incluso por el consumo de energía necesario para fabricar baterías para carros eléctricos. Ahora las ciudades viven con congestionamientos vehiculares, y los suburbios adornan el paisaje con vehículos estacionados. Este consumo excesivo y sin límites vino a que cada fin de semana los postres no fueran para ocasiones especiales sino para tres o cuatro veces al día generando sobrepeso en la población; el consumo de carne llevó a la destrucción de bosques, no sólo para uso del ganado para pasto, sino para la producción de granos para producir concentrados por el simple deseo de consumir carnes 3-4 veces a la semana. El deseo de la tecnología, el deseo de redes sociales llevo a que no disfrutemos actividades al aire libre, a disfrutar películas en familia, o que ir al cine o al teatro sea una actividad familiar que se disfrute mucho. Queremos entretenimiento que dura de 30 segundos a 2 minutos máximo (los famosos reels). Al mismo tiempo, hizo que la sobreproducción genere desbalance en el medio ambiente generando efecto invernadero creando ahora a los “super niño” en el clima. Así que, cuando observo el desbalance, parece que hay luz en las palabras de Naso.
Si leemos con cuidado buscando un mosaico en la porción, nos daremos cuenta de que hay actividades muy repetitivas dentro de la porción, y busca que estas sean perdurables y predecibles en el tiempo, acciones contrarias al mundo deseoso actual que busca lo extravagante. La primera acción es “contar uno a uno”, a cada levita, a cada hombre, asignándole tareas muy precisas (levantar, cargar y servir) para un determinado período de tiempo (entre los 30 y 50 años). Luego, nos habla sobre los límites cuando un hombre duda de la integridad de su esposa, eliminando maneras “creativas” para resolver su “espíritu de celos”. En aquella época las mujeres eran muy vulnerables, y si un hombre por dudas basadas en celos quería divorciarse de su mujer, podría abandonarla. Socialmente una mujer abandonada y divorciada bajo dichas sospechas era vulnerable socialmente, económicamente y era también susceptible a maltrato que podrían llegar a dañar su integridad física. Así que la porción de la Sotá está enfocada en proteger a la mujer y racionalizar el celo del hombre.
De igual manera, Dios conociendo el corazón de los hombres que muchas veces son motivados por un impulso y arrebatadamente quieren sentirse cercanos a Dios, realizan votos. ¡Cuántas historias torcidas hemos escuchado de votos que hicieron hombres a Dios en la historia de la humanidad que terminaron en desastre! Ejemplo de ello podría mencionar un par como Tomás de Torquemada con sus votos dominicos, Juana de Arco (guerra con Inglaterra), al Papa Urbano II (cruzadas), Luis XIV (hizo votos para legitimar la esclavitud), Isabel I de Castilla (inicio de la inquisición), o Enrique VIII de Inglaterra (creación del anglicanismo que derivó en guerras), por mencionar a algunos. Así que Dios dio una salida que implicaba un voto temporal que era de índole personal y bien definido en rol y en límites: El Nazir. Leemos como Jefté hizo un voto que comprometió la vida de su hija, algo que Dios jamás requirió porque no deberíamos comprometer la vida de otros como un voto a Dios.
Siguiente, la porción nos enseña de cómo debemos bendecir, colocando límites que no necesariamente nos limitan a bendecir a personas. Hoy en día las personas tienden a bendecir según su estado de ánimo, según su día o según su afinidad con las personas. Es interesante que la bendición recae como una función del sacerdote, además de ser una bendición Eterna. Es completa, no necesita agregar palabras, ni hay que pronunciar menos palabras. No depende del estado del ánimo del sacerdote, no depende si me cae bien o no el feligrés, o si tuve un buen día o no. No hay espacio para agregar mi “sazón” a la bendición. Yo aprecio la bendición que Alejandro da cada Shabbat a la congregación, por que la misma bendición en cada servicio llega en distintos momentos de la vida del oyente, en distintas etapas de madurez, en distinto estados de ánimo. En algunos días reconforta el alma cuando buscamos refugio, otras cuando requerimos luz, otras cuando buscamos paz.
Finaliza la porción con los príncipes presentando ofrendas voluntarias delante de Dios, todos presentan la misma ofrenda, y es interesante que la Torá pudo haber resumido: “… y presentaron en los 12 subsiguientes días cada príncipe: Una vajilla de oro y plata llenos con flore de harina con aceite y un recipiente de oro lleno de incienso; Luego ofrecieron un holocausto compuesto por un novillo, un carnero y un cordero de un año. Posteriormente hacen expiación y presentaron ofrendas de paz”. Sin embargo, la Torá describe aparentemente la misma acción 12 veces, una por cada tribu y una por cada día. Sin embargo, esto es lo precioso de la Torá, nos da a entrever que, aunque externamente fue la misma ofrenda, internamente para Dios eran únicas.
Así que, Nasó nos enseña a elevarnos en lugar de sólo existir. A convertir una ofrenda aparentemente no tan distinta a lo que otros pueden ofrecer, en algo especial. A servir cotidianamente sin que posiblemente alguien no lo note, o a cargar con una responsabilidad sin ser premiado públicamente por ello. A bendecir con las palabras que Dios dejó a otros con la intención correcta.
En nuestra porción abundan muchos nombres, listas, repeticiones. Asimismo, la vida espiritual a veces parece muy rutinaria, muy repetitiva: Trabajamos, servimos, estudiamos lo mismo, repetimos el sidur, o nuevamente comenzamos la lectura de la Torá, pero lo importante es que Dios mira cada acto repetido hecho con fidelidad y con la intención correcta en algo único.
La bendición sacerdotal, por otra parte, es siempre la misma, pero no implica necesariamente que llega igual al alma. La modernidad suele pensar que lo auténtico debe ser espontáneo, creativo y emocionalmente nuevo. ¡cuánta gente se divorcia porque no hay chispa en su relación! Se divorcian por causa de la “monotonía” como dice la canción de Shakira, o por ser predecibles. Sin embargo, la Torá muchas veces enseña lo contrario: La profundidad nace de volver al origen y comenzar de nuevo. Vemos cómo tenemos muchas acciones repetitivas como el maná de cada mañana, el Korban tamid que eran ofrecidos por la mañana y por la tarde, el Shabbat que retorna cada semana, las festividades cada año, y así la bendición sacerdotal retorna una y otra vez, para quizá ayudarnos a alinearnos y generar cimientos espirituales firmes.
Leemos en el Birkat Cohanim: “Hashem te bendiga y te guarde”. Estas palabras son fijas aparentemente, pero es un mensaje distinto para un niño que las escucha, para un joven confuso, para el adulto cansado, para quien está enfermo o para el anciano que tiene agradecimiento. El texto puede consolar hoy, corregir mañana, sostener en el futuro, o sanar el alma. Así que la repetición no implica redundancia, implica guía, establecer o construir identidades. La espiritualidad no depende de la inspiración únicamente, sino de la fidelidad, de la repetición con sentido. El Cohen no crea la bendición, sólo la canaliza, por ello en el sidurdice previo a recitar la bendición: “que nos ordenó bendecir a Su pueblo Israel con amor”, y así como un río que tiene un cauce estable constantemente su agua se renueva y no es la misma una vez corrió, así es la bendición canalizada.
La bendición sacerdotal también nos regala “Haga resplandecer Su rostro sobre ti” otorgando en este mundo cambiante claridad, entendimiento, y favor ante las personas.
En tiempos cambiantes, la bendición sacerdotal también es un ancla para el alma. Si analizamos entre cada Shabbat ocurren tantas cosas, a veces aparecen guerras, a veces ocurren catástrofes, otras veces aparecen enfermedades o pandemias, a veces entre semana ocurren pérdidas, a veces surgen dudas o victorias. Y aún así, llega la misma voz del Cielo: “Que יהוה alce Su rostro sobre ti y te conceda shalom.” Es decir, es una bendición que nos da permanencia durante momentos de agotamiento, incluso cuando no sentimos nada, o atravesamos desiertos espirituales.
Así que no caigamos en la ilusión humana actual que nos vende Hollywood de que solo lo nuevo tiene vida, que lo cambiante, aunque no sea perdurable genera placer y esto es lo importante. Lo importante realmente es anclar y dar estabilidad a la vida, porque la Torá enseña que lo eterno vive precisamente porque permanece y el alma madura cuando descubre profundidad en aquello que parecía repetición. Es como el mar, siempre lo mismo, pero nunca igual.
Tehilim 125 nos enseña que quién confía en el Eterno no se mueve. No moverse no es igual a rigidez, tampoco ausencia de cambio. Es permanencia de identidad. El Monte de Sión cambia en distintas estaciones externamente, ha visto cambiar generaciones y personas, paisaje, pero sigue allí. La modernidad busca intensidad que la vemos reflejada en Sansón, emocionante, novedosa y basada experiencias espiritualmente intensas. Sin embargo, la Torá valora mucho la repetición, la continuidad y la fidelidad diaria. La permanencia crea una morada en donde descansar, quita lo nómada de la vida. El salmo dice “permanecerán para siempre” porque implica continuidad, arraigo y trascendencia. Sansón siendo un Nazir vivía entre Zora en territorio de Dan y Filistea dando la idea de inestabilidad, sin embargo, otro Nazir, Shmuel, dice que permanecía sirviendo en la casa de Dios y leemos de él: Crecía.
Quisiera cerrar diciendo que la bendición sacerdotal no necesita reinventarse cada semana, porque su poder no nace de la creatividad humana, sino de la fidelidad Divina. Como el monte Sión, las palabras permanecen. Y precisamente porque permanecen, pueden sostener generaciones enteras. Con el tiempo llegamos a concluir que no era la bendición la que necesitaba renovarse, sino que éramos nosotros quienes necesitábamos ser renovados por ella. Mi oración es que busquemos lo permanente, no lo cambiante, estar anclados es equivalente a vivir estables y por lo tanto bendecidos.
Shabbat Shalom
Mauricio Quintero
